5 errores a evitar en fotografía de viajes

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De todas las cosas que traigas de vuelta a casa de tus viajes, seguro que tus fotografías siempre son lo que más valoras. Ningún llavero de la Torre Eiffel o imán del Coliseo de Roma pueden compararse con un puñado de píxeles uniéndose para crear un recuerdo único de tu viaje.

Capturar y preservar física o digitalmente un instante en el tiempo no es algo que deberías de dar por sentado. Es cierto que hoy en día es algo tremendamente fácil. No tienes más que sacar el móvil del bolsillo y empezar a hacer instantáneas de todo lo que te rodea.

Sin embargo, a pesar de lo accesible y sencilla que es la fotografía de viajes, hay una cosa que no ha cambiado: independientemente de lo rápido que avance la tecnología, nunca tendrás la oportunidad de volver a capturar ese mismo instante que acabas de vivir. A menos que seas capaz de viajar a través del tiempo, claro.

Por eso no sólo es importante que hagas fotos durante tu viaje si no que las hagas bien a la primera. Al fin y al cabo ¿qué posibilidad hay de que vuelvas a ese destino?

Y tan importante cómo saber qué hacer, es evitar estos cinco errores de bulto.

1. Cargar con más de que lo necesitas

Foto: Sandra Vallaure

¿Cuántas veces has cargado con un montón de equipo en la mochila “por si acaso”? La dura realidad es que llevar 15 kilos de equipo en tus espaldas no es garantía suficiente para conseguir una foto ganadora del concurso anual de la revista National Geographic.

Si lo que quieres es hacer buenas (o incluso grandes) fotos, tan sólo necesitas una cámara y un objetivo. O menos, como comprobarás más adelante.

Hay una expresión que dice que “haces tus fotos con tu mente y con tu corazón” y es la definición perfecta de la delgadísima línea que separa a un novato de un artista. Esa fascinación que todo fotógrafo tiene por el equipo es comprensible. Si no fuera así, no serías lector de Photolari…

Yo misma he pasado por esa fase. Es lo que Eric Kim llama GAS, gear acquisition syndrome o síndrome de compra de equipo. ¿Acaso vas a negar que nunca has pensado en cambiarte de cámara o comprarte un objetivo más caro con la esperanza de que eso te ayudaría a conseguir fotones?

Pues ya va siendo hora de que pongas los pies en el suelo. Cada vez que entras en una de esas discusiones tan pasionales en Facebook sobre la falta de nitidez de una fotografía o si las cámaras sin espejo han sustituido ya a las réflex estás perdiendo de vista lo esencial: el contenido de la imagen y la forma en que tú, como fotógrafo, ves la realidad.

Para poder hablar sobre una fotografía tienes que saber qué estás haciendo. Y para conseguir algo sobre lo que opinar, es decir una foto, sólo necesitas una cámara.

Por si esto fuera poco, ir cargado como una mula limitará tu capacidad para ver y captar grandes imágenes. Después de una hora llevando 15 kilos de un lado para otro no creo que te quede mucha frescura para captar lo que te rodea.

¿Mi consejo? Usa la misma estrategia con tu equipo fotográfico que con el resto de tu equipaje: llévate única y exclusivamente aquello que sepas con certeza que vas a usar.

Y por lo que más quieras, deja el palo de selfies en casa.

2. Subestimar el poder de tu teléfono móvil

Foto: Sandra Vallaure

Es algo que por aquí repites hasta la saciedad: las cámaras compactas están en vías de extinción. Prefiero ahorrarte el típico discurso sobre cómo y por qué las cámaras de los móviles han ocupado el lugar de las compactas e ir al grano. Seguro que ya conoces las razones.

Pero ¿nunca has escuchado eso de que “la mejor cámara es la que llevas siempre encima” Una verdad como un templo.

Así es que igual que llevas tu móvil siempre en el bolsillo cuando estás en casa, ¿por qué no usarlo también durante tus viajes?

Una de las grandes ventajas es que tu móvil ocupa poco espacio. Es una cámara que te ofrece una calidad muy buena. O incluso excepcional, dependiendo del modelo que tengas. Pero lo mejor de todo es que es fácil de llevar.

Dependiendo de la situación en la que te encuentres, tu móvil es una buena alternativa si quieres evitar cargar durante un rato con la cámara, el objetivo, las baterías, las tarjetas de memoria, el cargador, el trípode y una docena de trastos más.

Otro factor interesante es la inmediatez con la que puedes hacer fotos. Lo sacas del bolsillo, encuadras, enfocas y disparas. Excepto la composición, que es algo de lo que hablaré más adelante, no tienes que romperte el coco en pensar qué apertura tienes que usar, si la velocidad es la adecuada o el ISO es lo suficientemente bajo.

Además, te ofrece la posibilidad de ver el resultado inmediatamente. Sí, ya, ya sé que me vas a decir que cualquier otra cámara también tiene una pantalla LCD que te permite eso mismo. Pero si, como buen fotógrafo de viajes, disparas en RAW (y si no lo haces deberías empezar a hacerlo ya) cuando llegues a casa tendrás que revelar todos o una gran parte de estos archivos.

Con el móvil este proceso es mucho más rápido y sencillo. No tienes que importar nada en tu ordenador ni preocuparte por entender Lightroom. Gracias a un par de aplicaciones muy sencillas de utilizar como Enlight (mi favorita) o Snapseed, las posibilidades de revelado son infinitas.

Por último, pero no por ello menos importante: el móvil te ayuda a ser muy discreto a la hora de hacer fotos. Puedes pasar por un turista cualquiera, nadie se va a fijar en ti ni en lo que estás haciendo. Podrías estar consultando una aplicación, mandando un mensaje o jugando al Candy Crush (aunque eso sea muy de 2013).

Y eso es algo que, sobre todo si quieres hacer fotos a la gente de forma espontánea y natural, que no tiene precio.

3. Hacer fotos desde (muy) lejos

Foto: Sandra Vallaure

Pues sí, no te van a faltar citas en este artículo. Y es que tal y como dice el gran Tino Soriano, “la idea es estar a tres metros de los acontecimientos”. Es una frase que se ha repetido hasta la saciedad pero no por ello pierde validez.

Contrariamente a lo que podrías pensar, los zoom (ya sabes, cualquier objetivo que no tenga una distancia focal fija) no tienen por qué ser la mejor opción para la fotografía de viajes. En realidad, puede que tan sólo necesites un objetivo de 35mm. Y eso implica mover los pies y acercarse, mucho.

No tienes más que hacer la prueba. Coge tu cámara y fija la distancia focal de tu objetivo en 35mm (si tienes una cámara con sensor de formato completo), 23mm (APS-C) o 17mm (micro 4/3). Se acabó el esconderse detrás de la cámara, ¿verdad?

Pero sería un engaño si no te dijera que antes de ser capaz de acercarte tendrás que vencer tu miedo y tu timidez. Y te aseguro que sé mucho sobre eso.

Ese miedo a qué dirá la persona cuando se dé cuenta de que le he hecho una foto es casi inevitable. ¿Reaccionará mal? ¿Me pondrá en evidencia? ¿Me estaré metiendo donde no me llaman? ¿Estaré faltándole al respeto?

Al final tendrás que decidir: o vences tus miedos y haces la foto, o no la haces y esa mirada se pierde para siempre. Y para ello no te queda otro remedio que practicar, practicar y seguir practicando. No hace falta que te vayas a La Habana para hacerlo, sal de casa y ensaya con la gente que te encuentres por la calle.

¿Y por qué tienes que acercarte más de la cuenta? Para que tus fotos transmitan algo, un sentimiento, una sensación. Deja que cuenten una historia. Involucra al espectador en la escena e invítalo a que se haga preguntas.

Si estás a 15 metros de distancia de lo que está pasando, difícilmente conseguirás un contacto visual y establecer una conexión con tu sujeto.

4. Disparar a matar

Foto: Sandra Vallaure

Precisamente es esta conexión que te acabo de mencionar la que hace que una foto destaque. Cuanto mayor sea, mejor serás capaz de transmitir cercanía y más involucrado estará tu espectador.

¿Cómo puedes conseguir una conexión de este tipo? Evidentemente, la primera respuesta que te puede venir a la mente es entablar una conversación, por muy breve que sea, con esta persona. Y eso es algo muy gratificante que te ayudará a impregnarte aún más de las costumbres del lugar que visitas y a tener una experiencia más completa. El problema surge cuando no hablas el idioma de tu sujeto.

En ese caso, lo mejor es recurrir a la herramienta universal: la comunicación no verbal. En realidad, este término tan pomposo reúne todos aquellos trucos de magia que ya conoces. Acércate a tu sujeto con amabilidad, lánzale una sonrisa, mírale a los ojos (o no si, como en Japón, no soportan el contacto visual) y gesticula para hacerte entender. ¡Todo vale!

Si tuviera que destacar uno, te recomiendo que sonrías mucho. A mí me funciona siempre. Demuestra buenas intenciones y un interés genuino en entablar un contacto con esa persona.

Aprender a decir “gracias” te ayudará en más de una ocasión, pero tu sonrisa y tu actitud serán las que te abran mil puertas.

Y es que, al final, las fotos de edificios, paisajes y comida están muy bien. Y yo soy la primera que las hago. ¿Pero qué hace que un lugar sea especial?

Su gente. Es lo que realmente imprime carácter a un destino y hace que se diferencie del resto. Viajar no consiste sólo en maravillarte con los lugares que exploras, también puedes hacerlo con las personas que te vas encontrando por el camino y con las que compartes experiencias.

¿Qué foto crees que te traerá más recuerdos? ¿La de una pagoda adornada con banderitas o la de esa cocinera de un restaurante perdido en callejón de Chiang Mai en el que te metiste a probar la gastronomía musulmana?

5. Usar el mismo punto de vista una y otra vez

Foto: Sandra Vallaure

Esfuérzate por ser original. No seas de esos que hacen fotos a la misma distancia del sujeto, usando los mismos planos, colocando al sujeto en la misma zona del encuadre y que repite incesantemente la aburrida regla de los tercios cuando compone sus imágenes.

¡Rebélate y rompe las reglas! La idea es que tu fotos sean precisamente eso: tuyas y no un calco de lo que ya hemos visto mil veces en Instagram.

Por eso es importante que mires más allá del monumento que todos vemos. Si quieres hacer una foto de San Pedro en el Vaticano, ahórrate los esfuerzos y compra una postal en el kiosko de la esquina… Venga, vale, puedes hacer una pero cuando la tengas, prueba nuevas cosas.

Una de las primeras cosas que tienes que aprender si quieres que tus fotografías de viaje se salgan de molde es a mirar. Tienes que entrenarte para poder observar, discriminar, elegir y analizar la situación antes de hacer la foto.

Ya sé que esto es especialmente complicado cuando te encuentras en un sitio diferente donde todo te llama la atención porque es nuevo. Al fin y al cabo es normal: te ves rodeado por un millón de estímulos, y no sólo visuales. La confusión que te envuelve, los colores, el ruido del tráfico y un abanico de olores pueden resultar sobrecogedores.

No te dejes llevar. O sí. Pero sé selectivo. Trata de sumergirte en esa multitud de sensaciones y, mientras van penetrando por tus sentidos, no pierdas la concentración. Céntrate en lo que más te sorprenda y no te separes de tu cámara. Ella será la mejor testigo de lo que estás experimentando.

No caigas en el error de ver sólo lo que tienes frente a ti. Date la vuelta, escudriña los rincones, salte de las rutas preestablecidas y piérdete. Ahí es donde están las mejores oportunidades fotográficas.

Por si te quedas sin ideas, déjame que te de un par de sugerencias. La primera es que evites, en la medida de lo posible, ese punto emblemático desde el que medio millón de personas ha hecho la misma foto antes que tú.

Además, es probable que esté abarrotado de gente y que tengas que hacerte un hueco a codazos para conseguir una foto medianamente buena. Busca otro punto y otro encuadre, tus ojos te lo agradecerán.

La segunda es que incluyas algo en tu encuadre que destaque sobre el resto. Puede ser un elemento en primer plano. O una mirada penetrante. Intenta guiar la mirada del espectador. Usa las líneas y los puntos de fuga. Un buen desenfoque también puede ser un recurso interesante.

O cuéntale una historia. Para ello, fotografía a alguien en su entorno. Una escena del día a día puede ser algo interesantísimo si sabes darle un toque único y personal. Es tan fácil como trasladar a la cámara lo que estás viendo con tus propios ojos. 

Sandra Vallaure es una apasionada de la fotografía y de los viajes. A través de su blog Sifakka ayuda a otros fotógrafos a mejorar su técnica y estilo para conseguir imágenes espectaculares durante sus viajes. Suscríbete y consigue ya su guía gratuita “Viajar Fotografiando”.

2 Comentarios

  1. Los tendré en cuenta Sandra, a las 20:00 salgo para Roma desde Sevilla y es una prueba de fuego….¿haré caso de algo?, jeje! Por lo pronto voy a dar un repaso a mi mochila que creo que lleva unos kilitos de más….¿un reflector en Roma? 😅. Un saludo y felicidades por el artículo.

  2. Hola,
    Me falta uno, típico de Spanish Viajing Fotografy:
    Sacar a la persona y al monumento a la vez, y en la misma foto.
    No se ve ni la persona, ni el monumento.
    Por 35 pezatas:
    Portal de la Gloria con suegra y cuñao del tamaño de una uña, y el portal indescifrable.
    Guan tú zree, responda otra vez

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