Más allá del dron y la GoPro: panorámicas aéreas en formato medio

El fotógrafo Siqui Sánchez nos cuenta cómo trabaja desde un helicóptero con una Pentax 645Z

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“Los drones están muy bien y todo lo que quieras, pero de momento no hay GoPro en el mundo que pueda con esto”, bromea Siqui Sánchez. Y basta echar un vistazo a las últimas panorámicas aéreas que ha realizado en Barcelona para entender a qué se refiere.

Un helicóptero, una Pentax 645Z de 50 megapíxeles y una panorámica final que ha limitado a 15.000 píxeles para que los tamaños de archivo estén dentro de lo razonable. No suena fácil ni barato, pero así se trabaja cuando se trata de conseguir imágenes con un gran nivel de detalle.

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¿Tiene sentido seguir usando un helicóptero en vez de un dron, aparentemente más sencillo y, sobre todo, económico? “En espacios pequeños, a poca distancia, es realmente superior y se pueden hacer cosas geniales. Además el coste es incomparablemente más bajo”, reconoce.

Pero a partir de ahí comienzan los problemas y limitaciones. Empezando por los permisos. “Volar el dron en ciudad con la ley actual es prácticamente imposible. Imagino que si viene una productora de cine o publicidad y se empeña en hacerlo cueste lo que cueste, pues entonces seguro que es posible, pero complicado hasta límites kafkianos”.

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En el blog del fotógrafo se puede comprobar el nivel de detalle de estas panorámicas. Todas las fotos © Siqui Sánchez

Además, si se quiere unos niveles de resolución altos habrá que trabajar con cámaras tipo Canon EOS 5DS –también de 50 megapixeles- con lo que hace falta un dron profesional y también mucho más caro. Total, “sigues teniendo que solucionar el papeleo legal y no es tan barato, con lo que acabas llegando a un precio que se parece bastante al del helicóptero convencional”, explica.

¿De cuánto dinero hablamos para alquilar un helicóptero? El precio por hora –explica Sánchez- puede oscilar entre 900 y 1.800 euros. Hay aparatos más económicos, pero tienen muchas limitaciones y por una cosa o por otra, normalmente hay que descartarlos. Eso sí, del tema permisos se ocupan ellos, por lo que es importante planificar todo con suficiente antelación. Unas dos o tres semanas.

“Volar sobre ciudad requiere un tipo de máquina específico (biturbina), y volar a baja altura (150 pies) otro permiso diferente. Si te acercas al aeropuerto la cosa se complica…”, explica el fotógrafo. Curiosamente en otros países y ciudades el papeleo es menor, apunta. “Hace un par de años tuve que hacer unas fotos aéreas en Los Angeles, y el tema de los permisos era mucho más simple, podías hacer bastante lo que te daba la gana”, comenta.

Una vez en el aire comienza la diversión. “Lo más sencillo es trabajar con la puerta abierta o, según el modelo de helicóptero, sin puerta directamente”. Todo depende de la regulación, porque siempre va cambiando “por el incansable esfuerzo de la autoridad competente que vela por nuestra seguridad”, bromea.

El arnés no es opcional, pero lo de salir del todo o “sólo la puntita” ya queda en manos del fotógrafo y el piloto.  “Hay que tener en cuenta que, cuando te asomas fuera de la carcasa del helicóptero, el viento producido por las aspas es tremendo y por más que tú estés bien anclado y la cámara bien sujeta, te puede salir volando cualquier cosa: tarjetas de memoria, tapas de cámara, las gafas de sol o los empastes que tanto te costó pagar”

¿Cambiar la óptica? Una extravagancia –según sus propias palabras- que hay que ejecutar con mucho cuidado o intentar evitar. ¿Pero tiene sentido subirse una cámara de formato medio o es por presumir?, le preguntamos.

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La respuesta es de esas pragmáticas que tanto se estilan en el día a día de los profesionales pero que muchas veces se olvidan al observarlo y comentarlo desde fuera: se trabaja con lo que se tiene. En el caso de Siqui Sánchez, la 645Z que ofrece calidad de formato medio con un tamaño y comodidad de manejo muy similar a una réflex de 35 milímetros.

Para quienes montar una panorámica en tierra firma ya es complejo, hacerlo en movimiento y desde el aire les parecerá ciencia ficción. Para asegurarte de que no hay trepidaciones –explica- vale lo mismo que en tierra: disparar a velocidad alta.

“Para unir varias fotos disparas a ojo, procurando ser lo más rápido y preciso posible para que no se te vaya la perspectiva. Y luego ya te apañarás con el retoque. La gran ventaja es que no tienes primeros planos que te puedan fastidiar con el paralaje”, señala.

Una pequeña gran superproducción desde el cielo que, al menos por ahora, no está al alcance de todos. “En cuatro días un telefonillo de los chinos lo hace, seguro, pero vamos a disfrutar de nuestra ventaja mientras dure”.

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