Solarigrafía, la fotografía sin cámara y sin revelado

Hablamos con Jesús Joglar para descubrir esta curiosa técnica en la que una lata puede convertirse en una cámara y el tiempo de exposición puede ser de años.

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Foto: Jesús Juglar

Que fotografiar es pintar con luz es una de esas frases un tanto cursis a las que todos hemos recurrido alguna vez. Pero posiblemente pocas veces es más cierta que cuando hablamos de la solarigrafía, una especialidad dentro del apasionante mundo de la fotografía estenopeica en la que el Sol –como su propio nombre permite adivinar- juega un papel aún más fundamental.

Si la fotografía pinhole supone ya reducir la cámara a su mínima esencia –hay cámara, pero no óptica-, la solarigrafía simplifica aún más la ecuación al eliminar el revelado del proceso.

¿Cómo? Para descubrirlo nos reunimos con Jesús Joglar en su despacho en el Instituto de Química Avanzada de Cataluña. Aficionado desde hace años a la fotografía estenopeica y a las solarigrafías, eso también un habitual del festival Revela-T de fotografía química.

La solarigrafía es una variante de la fotografía estenopeica con tiempos de exposición muy largos, desde días hasta meses o años, nos explica. Durante estas exposiciones tan largas el papel fotosensible colocado en el interior de la cámara va registrando cambios en la tonalidad de la emulsión a medida que recibe la luz, tanto de forma directa como por reflexión de otros elementos. Inicialmente blanca o amarillenta en función del papel utilizado, aparece entonces una imagen con diferentes tonos ocres o de otros colores.

Entre batas blancas, pasillos con estanterías con probetas y laboratorios tras las puertas, sobre la mesa de este científico titular del CSIC atisbamos un paquete de papel Ildford y un libro de “Fotoquímica molecular moderna” que asusta solo con mirarlo. Pero nos llama más la atención una caja con un montón de latas vacías.

“Estas son mis cámaras”, nos explica Joglar mostrando su interior pintado de negro y el estenopo -un pequeño agujero- justo antes de recoger la que lleva más de un año en el alfeizar de la ventana. Apenas sin color y oxidada, en su interior un papel fotográfico habrá registrado el movimiento del Sol y las líneas que este dibuja a lo largo de todos esos meses.

Foto: Jesús Joglar
Foto: Jesús Joglar

Desde el 3 de julio de 2013, exactamente. Un archivo Excel le permite llevar el registro de las latas diseminadas por su casa y las de sus amigos, por algunos tejados e incluso por el monte. Sembrar y recolectar cámaras, en la jerga de este curioso mundo fotográfico. Hasta 30 cámaras a la vez puede tener Joglar ahora mismo en activo, aunque es verdad que algunas se pierden, desaparecen o simplemente no sale lo esperado.

La afición por esta especialidad –recuerda- le llegó por casualidad. Tras oír hablar de la fotografía estenopeica por primera vez en 2007, dos años después quiso apuntarse a un taller. No quedaban plazas para ese, pero sí para otro de solarigrafía impartido por Diego López Calvín, uno de los inventores de la solarigrafía moderna junto con Slawomir Decyk y Pawel Kula. Y ahí empezó todo.

Foto: Jesús Joglar

“Desde entonces mi forma de ver la fotografía ha cambiado radicalmente. La fotografía estenopeica me hace pensar antes de hacer la foto”, explica. Y es que tener que estudiar las peculiaridades de cada cámara para entender su geometría y visualizar anticipadamente qué saldrá se ha convertido para Joglar en la parte más gratificante del proceso.

Lo más complicado es encuadrar, por mucho que la experiencia sirva de ayuda para hacerse una idea de la focal equivalente de cada lata y lo que puede verse frente a ella. Normalmente hay que orientarlas al sur, que es por donde sale Sol, pero también se puede probar jugando con los reflejos en los edificios, por ejemplo. Y a la vista está que los experimentos salen bien.

Foto: Jesús Joglar

Ya en el cuarto oscuro y solo con luz roja abrimos esa lata para extraer el papel que lleva allí desde finales de 2013. No hace falta revelarlo: es una de las peculiaridades de este tipo de fotografía, que curiosamente necesita de un escáner para poder ver los resultados. Técnicas químicas y digitales más fusionadas que nunca.

Aunque ya con luz roja se observan algunos trazos solares, es al escanear la imagen y tras unos mínimos ajustes cuando luce en todo su esplendor. Quienes no hayan visto nunca una solarigrafía posiblemente queden un tanto hipnotizados por esa mezcla entre ciencia y resultados con un innegable discurso artístico.

Foto: Jesús Joglar

El movimiento del Sol –de la Tierra, claro- a lo largo de los meses queda claro en las líneas dibujadas en el cielo de la imagen. ¿Color en una imagen creada sobre un papel en blanco y negro? Pues sí. Escaneado en RGB –en una habitación con luz tenue o roja para evitar que el papel se vele- y con unos ajustes básicos, los resultados muestran una variedad de tonalidades muy interesante.

Mientras Joglar nos enseña en pantalla y en papel algunas de sus mejores fotos obtenidas con esta técnica, la vista se nos va a un calendario colgado en la pared. En él aparece una especie de número ocho dibujado en el cielo.

Son analemas, nos explica, y se consiguen abriendo la cámara a la misma hora cada día durante un año. Precisamente Maciej Lukasz Zapior, uno de los mayores expertos mundiales en el tema, también figura en la agenda de charlas de esta próxima edición de Revela-T. Quienes tengan curiosidad por los analemas pueden empezar a usar esta herramienta on-line para ver los movimientos del Sol a lo largo del año, nos recomienda Joglar.

A medio camino entre la ciencia y el arte y entre lo químico y lo digital, estamos ante una de esas técnicas mixtas en las que la cámara es lo de menos pero al mismo tiempo el proceso es casi más importante que el resultado.

Una combinación extraña y sugerente de esas que, sin estar hecha para todos los públicos –no parece que la solarigrafía vaya a desbancar a Instagram a corto plazo-, sí genera curiosidad. Solo necesitamos una lata, papel fotográfico y mucha paciencia. Del resto ya se encarga el Sol.

Esta artículo fue originalmente publicado en Quesabesde. La web ha dejado de ser operativa, así que hemos rescatado algunos contenidos  -especialmente interesantes o a los que les teníamos cariño- para que no se pierdan. Desgraciadamente, gran parte de las imágenes que ilustraban el artículo han desaparecido.

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