Apenas tres horas de avión separan la capital Búlgara de España. Uno de los países más desconocidos de la Unión Europea que, para entendernos, ni siquiera tiene su propia guía Lonely Planet, sino compartida con Rumanía. Sin duda, una buena señal para quienes buscan huir de destinos turísticos y prefieren una buena ración de fotografía e historia a una distancia media y un precio muy asequible.

Así que para allá nos fuimos hace unas semanas, con la consiguiente pregunta cada vez que toca viajar ¿Qué cámara nos llevamos? Esta vez tenía una respuesta fácil: la reciente y resistente Panasonic Lumix G80 era la decisión más lógica.

Aunque muy orientada a la fotografía de naturaleza y aventura, el frío y la nieve que nos esperaban en Sofia hacían de ella la opción perfecta también para este entorno urbano y muy invernal. Hablamos además de una cámara que combina perfectamente una buena ergonomía y agarre con un tamaño y peso comedidos.

Justo lo que necesitamos de viaje cuando toca estar todo el día con la cámara encima y más si, como en este caso, posiblemente íbamos a tener que trabajar con guantes. Para completar el pequeño y funcional equipo, uno de esos objetivos todoterreno que vienen tan bien en estas situaciones: el Lumix G 12-60 mm f3.5-5.6.

Sellado -como el cuerpo de la cámara-, con unas focales equivalentes a 24-120 milímetros y con estabilizador, ya tenemos todo lo que necesitamos para pasar unos días en la capital búlgara e incluso animarnos con alguna excursión.

Primera lección: se dice Sofia, sin tilde ni acento ni nada. Segunda, los taxis son económicos, así que llegar del aeropuerto al centro es muy sencillo. Tercera, el búlgaro no es de esos idiomas que prestando atención logras entender un poco. Eso unido a que el inglés no está demasiado extendido y la escritura cirílica hace que la comunicación no sea tan fluida como a ratos nos gustaría. Siempre nos quedan, claro, las señales con las manos y sonreír.

Aunque la ciudad tiene más de un millón de habitantes, el centro es bastante pequeño y paseable, sobre todo las zonas donde están los principales atractivos. Empezando, por supuesto, por la catedral Alejandro Nevsky. Visita obligada y posiblemente lo único que muchos viajeros ven de la ciudad de camino a las zonas turísticas del Mar Negro, las pistas de esquí o las bodegas de vino.

En el interior no se pueden hacer fotos salvo que -como nos recuerda alguno de los vigilantes mientras quitan las velas consumidas de los fieles y de los turistas- paguemos 10 levas, unos 5 euros. La moneda se cotiza a la mitad que los euros, así que la conversación es muy sencilla. Los precios, por cierto, son bastante bajos en lo que respecta a comida y transporte.

Es aquí donde la pantalla articulada de la G80 nos viene bastante bien para poder disparar en el interior sin llamar demasiado la atención, ni de los vigilantes ni de los visitantes. Velas, vidrieras, una luz muy filtrada… sin duda un buen lugar para hacer fotos.

Además, la cámara responde bien a las sensibilidades altas y tenemos el estabilizador integrado de 5 ejes que, unido al de la óptica, resulta muy útil para evitar trepidaciones aunque estemos disparando a velocidades muy bajas. La pareja perfecta (sensibilidad y estabilizador) para pasar un buen rato en el interior de la catedral o de cualquiera de las decenas de iglesias ortodoxas repartidas por toda la ciudad.

En el exterior, un mercadillo de reliquias de la época soviética es un buen reclamo para los turistas y también un buen motivo para fotografiar. O para comprarse alguna antigua cámara rusa, como una Fed -las Leica soviéticas- o las más humildes Lomo Smena.

Poco queda en Sofia de aquella época. Algunas estatuas deperdigadas, las conversaciones con los que vivieron aquellos años, los libros de historia y el Museo del Arte Socialista donde fueron a parar muchos de los cuadros y estatuas de Dimitrov y otros líderes comunistas. Un museo casi perdido a las afueras de la ciudad pero que merece una visita para, de paso, probar el moderno y estupendo metro o los baratos y frecuentes tranvías.

Primavera es, posiblemente, la mejor época para visitar el país sin las temperaturas gélidas del invierno ni el calor sofocante de las pocas semanas de verano. De todos modos, las calles y parques nevados también son un excelente escenario fotográfico. Mejor con guantes o con mitones (sin dedos) para poder trabajar con más comodidad e incluso seguir usando la pantalla táctil de la cámara, por cierto.

Y es que, además de iglesias, si algo abunda en Sofia son los parques. El Borisova Gradina es uno de los más grandes y con nieve podemos llegar a tener la sensación de que nos hemos ido de la ciudad y estamos en medio del bosque.

Con tanto frío y nieve -las temperaturas pueden caer por debajo de los 10 bajo cero, aunque en esos casos mejor no pasear demasiado- sufrimos por la duración de la batería. Pero, para nuestra sorpresa, la G80 aguanta perfectamente unos cuantos centenares de disparos sin dar señales de agotamiento.

Un truco conocido pero que siempre merece la pena recordar cuando estamos trabajando en zonas frías: cuando no usemos la cámara, sacar la batería y tenerla protegida en los bolsillos o en alguna zona cálida ayuda a alargar un poco más su autonomía.

En cualquier caso, la resistencia del cuerpo al agua resulta especialmente útil a la hora de poder apoyar la cámara en la nieve -una toma baja para seguir el camino, aprovechando la última luz del día- o incluso pasear sin problemas bajo la nieve.

La zona del mercado abierto de Zhenski Pasar es otro de nuestros destinos fotográficos marcados en el mapa de la ciudad. Nos gustan los mercados y su ambiente y nos parecen una visita imprescindible cuando llegamos a cualquier lugar.

De todos modos, el mercado central está también muy cerca así que no es  una mala opción para refugiarse si hace demasiado frío o no para de nevar. La cámara es resistente, pero nosotros no tanto.

Si tanto mercado nos ha abierto el apetito, la buena noticia es que la gastronomía es una de esas desconocidas y gratas sorpresas. Desde una humilde y económica sopa en cualquier de los restaurantes dedicados a este plato repartidos por toda la ciudad -la de callos es la más típica- hasta restaurantes más modernos (Kosmos) de alta cocina a muy buen precio (Secret by Chef Petrov) o algunos que mezcla comida e historia como Rakia Raketa Bar.

Si tenemos tiempo y la ciudad se nos queda pequeña, ascender por el monte Vitosha es posiblemente la mejor idea. No sólo por adentrarnos en la naturaleza, sino también para tener las mejores vistas sobre la ciudad y los montes que la rodean.

De todos modos las dos excursiones más recurrentes son al monasterio de Rila y a la localidad de Plovdiv. Se puede llegar en transporte público o en viajes organizados de día, aunque seguramente la mejor idea es alquilar un coche para poder movernos por el interior del país. Su zona de bodegas -Bulgaria es uno de los mayores productores de vino del mundo- son también una visita más que recomendable.

Sin tiempo para poder abarcarlo todo, optamos por Plovdiv, considerada uno de los enclaves poblados más antiguos de Europa y convertido hoy en la segunda ciudad más grande de Bulgaria. Dos horas de autobús -suerte  y paciencia en la estación con el cirílico de los carteles- la separan de Sofia.

¿Merece la pena? La verdad es que resulta un tanto decepcionante la zona antigua, convertida casi en un parque temático para turistas. Un clásico de tantas y tantas ciudades. Pero es verdad que sólo por subir a lo más alto de esta zona histórica -con sus casas de colores y sus ruinas romanas- y esperar allí el atardecer hace que merezca la pena el paseo y el autobús.

De todos modos, si tenemos tiempo o un presupuesto que lo permite, hay una excursión uy recomendable para fotógrafos: el monumento Buzludja situado en lo alto del monte con el mismo nombre y parte de los Balcanes búlgaros. La colosal sede del Partido Comunista se ha convertido en uno de los edificios abandonados más espectaculares y fotografiados del mundo.

Desde Sofia la distancia es considerable (más de 250 km) pero hay excursiones organizadas desde la capital para ir y volver en el día. De nuevo, echamos de menos tener un coche a mano para poder acercarnos aunque, como suele decirse, siempre es mejor dejar visitas pendientes para así tener una excusa para volver.

Compartir

5 Comentarios

  1. Hola muchachos! Me ha encantado las fotos, el sitio es precioso y uds me transmitieron esa “teletransportación”! Un saludo desde Colombia.

  2. Excelente nota. Lo único que me hace dudar de este sistema es la relación de aspecto 4:3 prefiero 3:2; tengo entendido que esta cámara también lo tiene pero “por recorte” se reduce el sensor a 14 mp aproximadamente y ¿ También el visor ?
    Saludos y un fuerte abrazo desde Buenos Aires.

    • En la mayoria de cámaras micro 4/3 puedes elegir disparar en formato 3:2, en 16:9 o en 1:1. El sensor no se reduce, queda igual, lo que hace es utilizar la parte del sensor proporcional al formato 3:2, sólo utilizan todo el sensor cuando disparas en formato 4:3 porque el sensor tiene esa forma. Del mismo modo si en una 35mm cuyo sensor es fabricado con forma 3/2 disparas en formato 16:9 o en 4:3 tampoco estarias utilizando toda la superficie del sensor. El visor, normalmente tambien cambia, ya que se trata de visores electrónicos que te proporcionan un live view constante directo desde el sensor, esto en las reflex solo se logra activando el boton live view o manteniendo el espejo levantado.

  3. Hermoso lugar y excelentes fotos. Yo tambien prefiero el formato 3:2 y mas panoramico mejor aun.
    Un saludo.

Comments are closed.