Soy Carmen, soy filóloga inglesa, tengo 37 años y convivo con el cáncer. Me diagnosticaron un leiomiosarcoma en el útero en diciembre de 2020 y me realizaron la histerectomía.

Un año después me diagnosticaron la metástasis en el pulmón izquierdo y desde entonces empecé a hacerme algunos autorretratos para documentar el proceso. Me ayudaban a sobrellevar todo lo que estaba viviendo. En junio de 2022 me extirparon el pulmón izquierdo, el bazo y un trozo de diafragma. A día de hoy sigo en tratamiento activo de quimioterapia.

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© Carmen Miguel Rubert – autorretrato

He tenido una relación un tanto extraña con la fotografía porque desde adolescente, cuando usaba una Yashica fx3 súper 2000 ya no hice nada más hasta después del primer diagnóstico.

En esa época refresqué un poco la técnica viendo algunos vídeos – sobre todo de Joan Vendrell – e iba haciendo alguna foto de paisaje o de calle. Ahí ya tenía también una Nikon D3400 y luego me regalaron una D7100. Cuando me detectaron la metástasis me metí más de lleno en el retrato y autorretrato, pero de forma esporádica porque la quimioterapia de entonces me dejaba totalmente K.O. 

Soy autodidacta, pero este año he realizado algún taller presencial de retrato y desnudo con Charo Guijarro, un taller con SerLobas (Lurdes Basolí y Elisa Miralles) donde todas participamos en su proyecto, y otro taller online con Jose Bravo para encontrar qué parte de la fotografía nos “mueve más”.

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La idea del proyecto “Cáncer: Alma y Piel” fue germinando a partir de esos autorretratos para documentar mi proceso con el cáncer en 2022 y a de ahí surgió la idea de documentar más casos. Sentí la necesidad de hacer algo que sirviera, un propósito que fuera algo así como mi legado. “Cáncer: Alma y Piel” nace en marzo de 2023 y es un manifiesto por la vida más allá de la etiqueta cáncer. 

Es una danza entre desnudo emocional y físico donde queda patente que las emociones están intrínsecamente ligadas a nuestros cuerpos, que éstos son espejo de nuestras almas. Además, los pacientes de cáncer pasamos por innumerables cambios y resulta difícil integrarlo y reconocernos.

En un mundo en el que el físico – especialmente el de la mujer- entra a debate y es cuestionado si no se ajusta a los cánones de belleza establecidos, se hace necesario normalizar la diversidad de cuerpos y fomentar la autoaceptación, una mirada más amable hacia el cuerpo que habitamos.

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Para mí el desnudo no es solo un acto subversivo para desafiar el discurso rancio que hemos heredado de una sociedad patriarcal, en el que se asocia (de forma errónea) el desnudo con algo “sucio”, sino que es una forma de volver a lo natural.

Además, en este caso en concreto, el desnudo sirve para vernos sin máscaras, descubrirnos tal cual somos. Nuestra piel habla y grita, al igual que lo hacen nuestros ojos y nuestra alma.

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Las sesiones se desarrollaban todas más o menos de la misma forma. Venían a mi casa, nos sentábamos, compartíamos un rato juntos contando nuestras experiencias con la enfermedad y cualquier otra cosa que teníamos en común y luego ya venía la sesión de fotos.

Si en alguna ocasión alguien ha mostrado alguna inseguridad a la hora de compartir las fotos en redes sociales, se ha respetado su ritmo en todo momento. Un contrato de uso de imagen no debería alejarnos de lo importante: los sentimientos de cada persona y sus procesos y ritmos deben ser acompañados con respeto, esto es para disfrutarlo todos y todas por igual sin presiones.

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Las fotos se realizaban en una habitación que da a una terraza con luz natural en mi casa. Este proyecto es algo que va más allá de una simple colección de fotos que documenta diferentes casos de cáncer. Son mucho más que fotos. Es compartir, sentirnos comprendidos, el hecho de que la fotógrafa es una más, facilita ese trato horizontal y no desde una situación de poder que normalmente sitúa a algunos fotógrafos cuando sostienen una cámara. 

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Venían con nervios y yo he de reconocer que también. Por su parte, por las inseguridades de mostrarse de verdad, de mostrar su cuerpo desnudo. Por la mía porque tenía miedo de que el proyecto generara algo de rechazo.

Gracias a la entrega de las 22 personas que se han atrevido a mostrar y compartir su vulnerabilidad, ya puedo decir que tenemos un primer proyecto expositivo en marcha en Vila-real (Castellón).

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Se han documentado varios tipos de cáncer: leiomiosarcoma, mama (la mayoría), piel, ovario, médula, leucemia, colon, pulmón, nasofaríngeo, linfoma de hodgkin, incluso hay una persona que no ha tenido cáncer, pero ha sido trasplantado de corazón.

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Me contactó para comentarme que le parecía una iniciativa muy bonita y le invité a participar. Para mí, esta persona ha pasado por los mismos miedos, por las mismas frustraciones y se ha cuestionado exactamente las mismas cosas que los que convivimos con cáncer o hemos pasado por él.

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La primera sesión de fotos se hizo en casa de una mujer en su salón. Colgué una sábana blanca delante de un armario empotrado que estaba justo al lado de la puerta por donde entraba mucha luz. El resto, han sido realizadas en un estudio improvisado en mi casa en Vila-real. Y la sesión en Donostia se realizó en el estudio de la Sociedad Fotográfica de Guipúzcoa. 

La mayoría de las fotos se han realizado con mi Nikon Z5 y con el Nikkor Z 50 mm f1.8 (S). Las primeras dos sesiones se realizaron con el Nikkor Z 40mm f2 porque no tenía todavía el 50 mm) y la sesión en Donostia se realizó con mi Nikon D7100 y un Nikkor AF S 35mm f1.8 

La gran mayoría han sido realizadas con luz natural pero en las que se han hecho con luz contínua he usado un foco Godox SL60W y un softbox parabólico Godox de 70 cm con grid y también alguna lamparita de colores.