La fotografía gastronómica ha pasado de ser una de las especialidades más complejas a, aparentemente, ser eso que todo el mundo con un móvil y una cuenta de Instagram puede hacer. ¿Pero cómo ha afectado realmente esta moda al sector a nivel profesional y estético?

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Para descubrirlo y aprender cómo trabajan los profesionales de la materia continuamos nuestras seria de entrevistas a embajadores de Sony charlando con Pablo Gil, experto en fotografía gastronómica. Y, según nos explica, capaz de hacer un helado de mentira que parezca real en la foto.

Ahora que todo el mundo con un móvil y cuenta de Instagram es fotógrafo de comida, ¿cómo se vive esta moda desde el sector profesional?

Es la pregunta del millón. Pienso que hay que aprender continuamente y si la base de personas que hacen fotos de comida aumenta podremos ver fotos sorprendentes y excelentes, incluso, hechas con un móvil.

Las herramientas y la técnica tienen la importancia que tienen y creo que esta accesibilidad fomenta la creatividad. Por desgracia no todo el mundo con un móvil y una cuenta en instragram hace maravillas y hay fotos difíciles de ver, se nota que la mayoría simplemente replican lo que hacen otros y se mueven por tendencias. Al final es una red social y como tal su fin es conseguir “likes” no hacer las mejores fotos.

Lo vivimos como algo positivo pero con mucha prudencia. De hecho hay muchos instagramers y foodies que nos consultan y se forman para hacer mejores fotografías. Lo cual es muy de agradecer.

¿Se han convertido los instagramers en competencia desleal o no lo ves así?

Este es un tema complejo que daría para mucho. Quiero ser justo y diré que pienso que hay distintos tipos de instagramer. Los hay que hacen un trabajo increíble y son auténticos profesionales, haciendo sus propias recetas y desarrollando un trabajo admirable. Te podría citar algunos que me encantan, pero no todos son así.

Foto: Pablo Gil

Otros se dedican a esto más desde un punto de vista documental que comercial. Llevan sus cuentas como un medio de comunicación y quizá hacen la competencia más en ese sector. Las líneas se desdibujan muchas veces y es complicado definir hasta dónde y desde dónde llega el intrusismo.

En cambio sí hay algunos que entran directamente a tratar de captar clientes, que podrían precisar de los servicios de un fotógrafo gastronómico. Y claro, esto para mí sí sería intrusismo salvo que respeten las tarifas promedio y se hayan preocupado por obtener un mínimo de formación en esta disciplina.

Gran parte de mi trabajo llega desde agencias, productoras o desde departamentos de marketing de empresas y grupos alimentarios. A menudo cuentan no solo con restaurantes, si no con bodegas, almazaras y otros negocios del sector, aquí no suele haber competencia desleal.

En cuanto a clientes directos, si es posible que un instagramer acceda a darles servicio. Y mucha de esta fotografía será lowcost, por lo que podrían estar tirando a la baja los precios, y creando un problema para todos.

Pero no son solo estos instagramers, son empresas intermediarias, que captan clientes y localizan fotógrafos sin experiencia pagándoles miserias, las que más daño hacen al sector. Cualquiera con una cámara se siente con capacidad para hacer fotos de comida y los hosteleros reclaman precios a la baja.

Foto: Pablo Gil

Ahora prácticamente todos los restaurantes cuentan con sus fotos, la mayoría mejorables. No son pocos los empresarios que acuden a nosotros tras una mala experiencia fotográfica. No pretendo ser negativo, y del problema queremos hacer virtud.

La clave creo que estará en poder diferenciarse de los demás, con una foto que no sea la típica de Take Away o Instagram. Una foto en la que lo importante no sea si el plato lleva guarnición, o qué va a comer el guaperas de turno. Lo importante será que al ver la foto, sientas unas ganas irremediables de pedir ese plato y comértelo.

Una foto que puedas recordar pasados unos días o semanas, que te haga salivar… Ese sería el objetivo para mi. Pero claro esto en las fotos rápidas no suele ocurrir, por lo que yo soy más de fotografía a fuego lento.

¿Pero desde el punto de vista del contenido y la estética ha influido en algo esta moda? ¿Los clientes piden fotos más tipo Instagram?

Los clientes son una especie muy heterogénea, y te piden todo tipo de cosas. Pero sí, creo que las modas para ellos no son lo más importante. De hecho le han dado hasta ahora poca relevancia a la fotografía.

Foto: Pablo Gil

A día de hoy creo que ya han entendido que deben tener fotos. Unos las tendrán para que el cliente vea lo que se les va a servir y así ser muy fieles a los escandallos, otros para llamar la atención de su plato y que la gente lo pida de una forma mas directa y visual como ocurre en las cadenas de comida rápida.

Pero hay un tercer tipo de cliente que está surgiendo y es el que más busco: el que quiere diferenciarse y hacer fotos no solo bonitas o correctas, sino que sean distintas, más publicitarias. Que su comida se muestre realmente atractiva.

Creo que a medio plazo, y viendo que la gran mayoría de negocios en hosteleria tiene ya sus fotos, lo que se va a buscar es más calidad, más originalidad y más creatividad. Es ahí donde nosotros nos movemos mejor y podemos dar el servicio, que por supuesto no va a ser low cost.

Foto: Pablo Gil

El reto es ahora convencer al hostelero de que esa inversión en calidad es lo que necesita, algo complejo porque no hay como calcular el retorno de estas acciones de marketing.

¿Crees que hay veces que la preparación del producto y el trabajo del estilista es casi tan importante como el del fotógrafo? ¿En tu caso lo haces tú todo o trabajas con ayuda?

El perfil de home economist o estilista gastronómico es imprescindible en una producción publicitaria y muy recomendable en otras producciones. Aunque el fotógrafo es el director de la escena y entre otras cosas va a definir la iluminación y el encuadre, el estilista es también de vital importancia, ya que se encarga no solo de preparar y maquillar los platos bajo las recetas del chef, si no que, diseña y organiza todo un entorno alrededor del plato.

Actualmente y debido a los recortes presupuestarios es frecuente ver producciones en las que el fotógrafo se encarga de hacer parte de esas tareas. Aunque más extraño, a veces es el home economist quien toma la cámara y hace las fotos.

El resultado será peor seguramente que cuando trabajan juntos y aportan ambos lo mejor que tienen. En mi caso, siempre que puedo cuento con ayuda, y depende básicamente de cual sea el nivel del presupuesto en cada proyecto.

Foto: Pablo Gil

Siempre se habla de los trucos en este sector. Que si el helado es de mentira, el humo es artificial… ¿Se utilizan tantos como antes o ahora todo es más natural? 

Seguimos usando todo tipo de trucos para maquillar la comida, pero solo en producciones que lo requieren. Por ejemplo, si vamos a hacer la carta de un restaurante, se respeta el producto y aunque se haga un casting de los elementos a incluir en las fotos, el producto es natural y se podría comer al finalizar la sesión. Eso si, frío.

Lo máximo que le vamos a aplicar es un poco de grasa para dar más brillos o unas gotas de agua con glicerina a las verduras para aportar frescor en crudo. Siempre vamos a procurar que las proteínas estén poco hechas y que las verduras se les de un toque de bicarbonato y se corte su cocción en agua con hielo para un mayor verdor.

En el caso de un trabajo más elaborado, sí usaremos productos que a menudo hacen incomible el plato. Pegamentos, lacas, alambres, palos, goma, masillas, espuma de afeitar… Todo vale para recrear una sensación mejor.

Foto: Pablo Gil

Por ejemplo el helado falso que hacemos no es puré de patatas como todo el mundo cree, aunque podría valer. Yo lo hago con una receta sencilla a base de clara de huevo, glicerina, colorante alimenticio y azúcar glass. El resultado es indiferenciable de uno real. En cuanto al humo, diré que el que más uso hoy en día, es el de cigarrillo electrónico, hay aceites que generan un humo suficientemente denso y pesado que funciona a la perfección.

¿Qué es lo más difícil de fotografiar? ¿Y lo más agradecido?

Para mí lo más difícil de fotografiar son los platos sin estructura. Todo aquello que es plano como un arroz o una sopa, es quizá por su simplicidad lo más complejo de retratar. En cambio lo más agradecido, los platos de nuestros amigos los chefs con estrella. Platos de estilo vanguardista, diseños muy elaborados en los que el reto está en no desmerecer el gran trabajo creativo del cocinero. Siempre recordaré un postre de Quique Dacosta al que le hice una foto en un campeonato de cocina y el resultado en tan solo 5 minutos fue espectacular.

Foto: Pablo Gil

¿Cuál es la focal más habitual con la que disparas?

En fotografía gastronómica lo más aconsejable son siempre focales largas, no queda bien deformar los platos y debemos huir de los lentes angulares. Entre 60 y 135 milímetros diría que son focales correctas, aunque las que mas uso yo son el 90 o el 100 milímetros. También es habitual usar el macro para obtener detalles, un recurso muy usado cuando el plato no es bonito. Buscamos ese detalle para realzar la mejor parte del plato.

La luz es también básica en esta especialidad. Dinos un esquema de luz fácil para los que quieran iniciarse en este mundo

Aunque es habitual oír que lo mejor es disparar con la luz natural tamizada por una cortina, yo creo que no. Soy un ferviente defensor de todo lo contrario. Me explico: la luz natural es maravillosa pero no siempre podemos contar con ella y no siempre tiene las condiciones que necesitamos.

A menudo nos toca trabajar fuera del estudio y es por eso que me he acostumbrado a anular las luces que nos rodean y trabajo con mi esquema de luz 100% artificial. Trabajo con flashes con batería como el Profoto B10 que no pesa mucho y dan todo el poder y la calidad de una luz natural. Suelo llevar una ventana de 2×3″ o de 3×4″ según el trabajo a realizar y me gusta disparar con un solo punto de luz en la mayoría de los casos, y sobre todo cuando se trata de comida de carta.

Por tanto un esquema sencillo y que es estrella en foto gastronómica, sería una luz suave situada en posición de contra lateral y a una altura de unos 30 a 45 grados. De esta forma obtendremos los mejores brillos en la comida y el resultado será muy apetitoso.

Foto: Pablo Gil

Eventualmente para controlar la relación de contraste uso un reflector plata o blanco, o una segunda unidad de flash. A veces incluso con luz dura y un snoot consigo efectos muy interesantes.

¿Con qué equipo disparas? ¿Por qué te pasaste a las sin espejo?

Llevo ya algún tiempo con Sony, antes de que fueran tan populares como ahora. Fue en 2015 cuando adquirí mi primera SONY A7RII aunque en vídeo ya había trabajado con las FS7. Entonces trabajaba en foto con dos Canon 5D Mark III  y decidí probar Sony por la calidad de la imagen como motivo fundamental, aunque hubo otros secundarios como la versatilidad de estos cuerpos por peso y por su capacidad de video mejorada.

Es habitual oír hablar de los colores de Canon, pero el rango dinámico superior y la fidelidad del sensor BSI de alta resolución de SONY me sedujeron, y ahora disfruto de más y mejores colores que con mi equipo anterior. Mantuve durante casi un año y medio mis objetivos de Canon, que usaba con bastante comodidad con un adaptador electrónico en la nueva cámara. Fui adquiriendo poco a poco ópticas nativas FE y las ventajas fueron aumentando, con más nitidez y más rapidez de foco.

Debido a mis necesidades en video y las ventajas fotográficas de este sistema, en 2017 tomo ya la decisión definitiva y vendí todas mis ópticas. En noviembre de 2017 adquiero la primera Sony A7RIII que es mi actual equipo de trabajo primario y con la que he conseguido una integración total.

Para mí las ventajas de este sistema son sobre todo la calidad de la imagen bruta del sensor, un sistema de enfoque muy eficiente y que supera en mucho a todo lo que tuve anteriormente y la calidad óptica de las lentes GM con las que trabajo.

Me permiten obtener resultados muy próximos a los que he podido ver usando sistemas de formato medio en publicidad. Este equipo me ha hecho ser más productivo y por tanto lo considero la mejor decisión para mi empresa y para mí.

Esta entrevista es parte de un acuerdo entre Photolari y Sony

12 Comentarios

  1. Entiendo que la entrevista forma parte del acuerdo de Photolari y Sony. Entiendo también que la Sony es la caña…., pero… ¿era necesario en la entrevista tirar por los suelos a la Canon Mk III para alabar la grandeza y supermega calidad extra que da Sony? No lo creo.

      • Durante muchos años Canon y Nikon pagaron grandes fortunas para que se hablara bien de ellas, Canon incluso exageró esta situación, yo critiqué a varios medios, por la falsedad de datos que daban, ahora Sony hace lo mismo, pero con argumentos verdaderos, creo que es el principio del fin de Canon, habrá que esperar 10 o 15 años para ver si tengo razón. Saludos.

        • Cuidado, que Canon siempre estará, Sony en cambio cuando una división le deja de ser rentable ya sabemos como actúa.

          Por otra parte yo he estado en varias charlas de productos (Canon y Nikon fundamentalmente) y si por algo no destacaba la primera era por hablar mal de la competencia, de hecho la mayoría de las veces pasaban de ello.

          Vale, todo es comercio al fin y al cabo, pero si hubiera cambiado a la Canon 5D IV no migraba, fijo, es un camarón en toda regla.

          Por cierto, en la primera generación de Canon sin espejo, las R, he visto vídeos donde enfocan bastante más rápido que las Sony 7III.

          Un saludo.

  2. Por cierto, menos el final, gran entrevista y grandes fotografías las de este fotógrafo. Por desgracia, y yo que me dedico a la fotografía también de forma profesional, este gremio se está yendo a la mierda. Como bien dices, todo el mundo se cree fotógrafo por el simple hecho te tener una cámara «grande».
    Y gran parte de la culpa la tiene el cliente pues cada vez se conforma con menos. Mientras le entregues un dvd con 5000 fotos…..

  3. ¡Qué nivel de excelencia tiene sus fotografía! Siempre me gustó mucho la fotografía de bodegones,naturaleza muerta,etc,etc.
    Soy de Argentina y no conozco ningún taller que trabaje este campo de la fotografía con este nivel.
    Saludos.

  4. Me ha parecido muy buena la entrevista. La verdad es que trata el tema del intrusismo de una manera muy medida. Es posible que no veamos estos pequeños intrusos siempre, pero están ahí. Cierto es que los valores éticos no siempre ayudan en esta sociedad en la que la gente va a su rollo sin respetar.
    Me parece un espectáculo el trabajo que realiza este fotógrafo y dudo que para él sean un problema grave estos aventureros de la foto gastronómica, pero hace muy bien en exponerlo en la entrevista. Las cosas deberían ser de otra forma.

  5. Hola Photolari. He hecho algún que otro taller con Pablo Gil (os los recomiendo fervientemente), y doy fe de que no cualquiera (y me incluyo en ese grupo del «no»), puede hacer fotografía gastronómica de calidad, ya sea en un restaurante o en un estudio. Respecto al equipo, hemos utilizado en esos talleres sensores de formato medio de 100MPx, y es cierto que la Sony A7RIII no desmerece en absoluto. En mi caso, la fotografía se rige por sensaciones, y soy de los que opino que cualquier cámara de hoy en día (¿incluimos los sensores FOVEON?) da unos resultados más que aprovechables (LEICA y FUJIFILM en mi caso).

  6. Muy buena entrevista. He tenido la suerte de conocer a Pablo en persona después de seguirlo de cerca a él y a su trabajo por las RRSS. Mas suerte todavía recibir sus conocimientos en un taller de fotografía gastronómica. ¡alli hicimos la foto esa botella de vino!
    Un lujo para todos los que comenzamos en esta rama fotográfica.

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