Por Ignacio Izquierdo. La historia es conocida. Sales un día con la cámara, la cosa se da bien, te emocionas más de la cuenta, te sientes inspirado, pruebas cosas, arriesgas, quemas el botón de ráfagas y vuelves a casa con varias tarjetas llenas y más de 4000 fotos.

Y entonces llega el horror. El disco duro rechina, el catálogo pide clemencia e implora una muerte rápida y tú… Tú tienes que enfrentarte al el duro y arduo trago de la selección. Estamos contigo. No estas solo. 

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Si quieres conseguir un ejemplar del libro «Filomena» de Ignacio Izquierdo, puedes participar en la campaña de crowfunding

¿Realmente es necesario hacer 4000 fotos? 

Quizás sería la pregunta más pertinente para comenzar. Y a la que me tuve que responder yo hace unas semanas cuando tras cuatro días por las frías, heladas y nevadas calles de Madrid, me vi ya en casa con 4393 fotos tras la pantalla del ordenador.

Sí. El paso de Filomena por la capital había cumplido los requisitos anteriores: un evento único y un fotógrafo entregado y emocionado, que en el afán de capturar lo incapturable había hecho clic por encima de sus posibilidades y sin temor al mañana. Así que la pregunta volvía a ser la misma. ¿Tenía sentido haber hecho tantas fotos? 

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La respuesta rápida sería un sí, porque las condiciones no permitían plantarse con la cámara, mesarse la barba, pensar bien todos los parámetros, aguantar a que los elementos de la foto se alinearan y disparar.

Una vez metido en mitad de la tormenta de nieve era complicado mantener la lente limpia el tiempo suficiente como para asegurar no solo una imagen inmaculada sino incluso enfocada. No fueron pocas veces las que tras limpiar y secar el objetivo a conciencia con paños apenas tenía unos instantes antes de que la nieve volviera a sepultarla.

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Y si se conseguía ese punto de enfoque tenía muchos otros elementos incontrolables como los copos de nieve que en sus infinitos planos no siempre transmitían el ambiente capturado con un sentido estético.

Hacer fotos en ráfaga era por tanto la opción mas lógica, para después elegir aquella que más compensada y que más armonía tuviera. Los copos son caprichosos y pueden darnos instantes muy potentes. Pero ser consciente y preveerlos es tremendamente complicado sin el uso de ráfagas. Al menos para mí. 

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En muchas de las fotos que hice jugué con las composiciones de personas que pasaban por la calle, caminando como buenamente podían sobre el terreno irregular de una nieve en la que hundirse.

El proceso fue muchas veces el mismo: encontrar un encuadre con un fondo interesante e intentar componer con la persona en movimiento. Reconozcámoslo, hacer fotos a gente caminando, no siempre es estético, ni añade el dinamismo que buscamos en una foto.

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Elegido el encuadre, toca esperar el momento perfecto.
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La foto seleccionada antes de editar.
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El resultado final.

Hay ciertos instantes en el andar que sí que lo son, pero sobre todo cuando se va caminando como pingüinos por la nieve es también difícil predecir cuándo van a suceder. Para mí disparar con ráfagas para después encontrar esa armonía fue esencial. 

¿Y ahora qué hacemos? El primer barrido

Hay un primer paso en este proceso que es inevitable. El de ir foto por foto y hacer un barrido rápido para ver con cuál nos quedamos. El primer barrido me parece elemental, porque creo que me da una perspectiva global de cómo ha quedado todo el reportaje.

Hay fotos que pueden gustarte mucho a primera vista pero al ponerlas en comparación con otras te das cuenta que no tienen ni la fuerza ni la emoción necesarias. Así que esta primera pasada es una manera de calibrar todo el material.

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Hay mucha gente que hace una selección previa en la propia cámara en los tiempos muertos, al parar a tomar un café en la jornada o simplemente después de hacerlas.

En mi caso no es una opción que me suela gustar mucho porque prefiero verlas en pantalla grande antes de borrar definitivamente una foto. En la comodidad de una pantalla más grande puedo asegurarme que la foto está perfectamente enfocada y entender mejor su dinámica. 

Este proceso tedioso de la primera vuelta lo suelo hacer siempre en Lightroom, que es mi herramienta principal y base para organizar mi trabajo. No es la única, porque normalmente suelo acabar el retoque de las fotos en Photoshop, pero sí la que me permite organizar todo de la manera más eficiente. 

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Al hacer este primer repaso confío bastante en mi instinto y no suelo pasar mucho tiempo en cada foto. Solo me interesa que la foto me diga algo, que me hable, que me transmita.

Lightroom tiene varios sistemas de clasificación que yo siempre he sentido como tremendamente útiles, porque funcionan como filtros. Por un lado tenemos las estrellas, por otro las banderas y por último los colores. Centrémonos por ahora en las dos primeras (banderas y estrellas) y trabajaremos con atajos de teclado para ir clasificandolas mientras hacemos esta primera ronda. 

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En mi caso voy moviéndome por las fotos de una en una con el cursor y si encuentro alguna foto que me gusta pulso la tecla “1”, que automáticamente asigna una estrella a esa foto. Es una manera bastante sencilla e intuitiva y Lightroom permite clasificar las fotos de 1 a 5 estrellas pulsando sus números respectivos en el teclado.

Pero de momento, vayamos solo con esta primera estrella. Foto que me gusta o que me trasmite algo: 1 estrella. En cambio las foto que no me dicen nada, las ignoro, mientras que las fotos que directamente son inutilizables, bien porque están borrosas, fuera de foco, o por cualquier otro motivo las marco con la tecla “X”.

La X nos marcará las fotos como rechazadas. En la barra de fotos veremos que se vuelve más gris y encima aparecerá una banderita con una X. Esto nos valdrá para borrar todas las fotos inútiles al final del primer barrido. 

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Las banderas son otro de los tipos de filtros que tiene Lightroom, combinables además entre ellos. Hay tres tipos de banderas: X para rechazar, P para elegir (Pick) y U para quitar cualquiera de ellas (unclassified) y dejarla sin ninguna.

Podríamos usar P en lugar del sistema de estrellas, pero me gusta más este último porque me permite ir afinando en sucesivas vueltas antes de empezar el proceso de retoque. 

Vale. Ya tenemos la primera vuelta. Nos hemos ganado un café que nos permita levantar la vista de la pantalla y dejar que el cerebro procese lo visto.

Ya tenemos una visión global y las primeras sensaciones. Ya sabemos si hay cosas que nos han emocionado y algo muy importante: tenemos reducida nuestra selección y tenemos separadas las fotos que consideramos que tienen algo y las que directamente son inutilizables. Llega el momento de aplicar los filtros de selección. 

Filtrado 

El panel para controlar los filtros nos aparecen encima encima del carrusel de fotos. Si pulsamos en la primera estrella solo nos aparecerán las fotos que tengan una estrella o superior.

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Así de fácil. De este modo ya habremos filtrado gran parte de nuestro maremagnum de fotos. Ojo, solo estamos filtrando. El resto de fotos seguirán ahí, pero ocultas. Para volver a verlas basta con pulsar de nuevo en la estrella y deseleccionarla. 

Sigamos refinando. Ya podemos hacer un segundo filtrado. Teniendo en cuenta el nivel general de las fotos y sabiendo donde están las que más nos gustan, ahora repetimos el proceso, pero asignando dos estrellas (pulsando el 2) para ir afinando más nuestra selección.

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Normalmente yo hago este proceso una vez más hasta llegar a la tercera estrella y haber reducido significativamente el número de fotos con las que trabajar. Normalmente aquí debería haberme quedado con unas 250-300 fotos de las más de 4000 del comienzo. Una reducción drástica.

Revelado, copias virtuales y sincronización

Es el momento de empezar a trabajar con el revelado de las fotos y crear el ambiente que les quiero dar. Normalmente hago varias pruebas de revelado.

Lightroom tiene una herramienta muy útil para esto que son las copias virtuales, que basicamente son duplicados de las fotos con los parámetros de revelado que lleves en ese momento. Puedes hacer tantas copias virtuales como quieras y en cada una puedes seguir avanzando el revelado en direcciones distintas o resetear y volver al principio.

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El caso es poder experimentar y buscar lo que más te convenza para crear una atmósfera. Puedes crear una copia virtual pulsando en la foto del carrusel de la parte inferior con el botón derecho y eligiendo “Crear copia virtual” o con el atajo de teclado “Shift+V”. 

En este proceso es cuando yo definí alguna de las características que quería aplicar a la serie de fotos. Aunque la opción más evidente para mí habría sido usar utilizar la herramienta de “Borrar neblina” o añadir contraste para intentar recuperar formas de edificios de entre la ventisca, al final entendí que para poder transmitir lo que yo había vivido, tenía que hacer justo lo contrario: reducir el contraste y dejar que los edificios se intuyeran.

Si no hay contraste es porque en realidad no lo había. Todo flotaba en un ambiente algo etéreo entre el temporal. 

De igual manera, para intentar transmitir la misma sensación que tuve yo caminando bajo la tormenta y sobre nieve de madrugada por las calles de Madrid opté por virar hacia temperaturas de color más frías, que potenciaran ese ambiente onírico, casi irreal de lo que estaba viviendo. 

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Estos dos ambientes (el de noche y crepúsculo y el de día) los traté de formas diferentes, pero una vez estuve contento con el resultado, puede aplicar ese retoque a las fotos similares.

Lightroom permite optimizar y acelerar este proceso de dos maneras: creando un preset o haciendo una sincronización de revelado entre fotos. Para esto basta con seleccionar primero la foto retocada y después añadir (con Command) el resto de fotos que quieras sincronizar.

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En el panel lateral de revelar te aparecerá abajo un botón de sincronizar. Una vez pulsado, eliges los parámetros que quieras replicar y listo! Tu retoque se habrá aplicado a todas las fotos. 

Obviamente después habrá que retocar mas fino cada una, porque cada foto tiene su propia personalidad. Pero así ya tienes una buena base sobre la que trabajar. 

Selección final

Crear un reportaje entero tiene que tener un sentido global y es probable que a pesar de todos estos pasos tengas todavía algunas fotos similares.

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Llega el momento más duro, el de despedirte de algunas y elegir de entre las que se parecen demasiado cual funciona mejor y cual añade valor al reportaje.

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A veces no conseguirás decirle adiós a algunas, pero ya en esta fase final puedes permitirte algún que otro indulto. Al fin y al cabo llevas mucha horas viviendo con estas fotos, viéndolas crecer y lo importante es llegar a un resumen con el que te sientas cómodo. 

El libro

Entre los días 7 y 10 de Enero de 2021, estuve caminando por las calles de Madrid cámara en mano para vivir en primera persona la nevada Filomena. No sabía qué iba a obtener, ni qué iba a encontrar y si las inclemencias del tiempo me iban a permitir hacer alguna foto.

Pero lo que me encontré y lo que viví fue fascinante. Y lo retraté en esas 4393 fotos que tras todos estos pasos se han quedado destiladas en algo más de un centenar que creo que abarcan momentos únicos e irrepetibles. Y que quedarán como parte de la historia de Madrid.

Todas estas fotos van a formar parte de un libro: “Filomena: Crónica fotográfica de la nevada que congeló Madrid” que actualmente está en plena campaña de crowdfunding para poder llevarse a cabo.


Ignacio Izquierdo es fotógrafo profesional, incansable viajero -cuando las pandemias globales lo permiten- y amigo de la casa desde hace tantos años que ya hemos perdido la cuenta. Sus fotografías de la gran nevada que la tormenta Filomena provocó en Madrid a comienzos de 2021 son ya parte de la historia de la ciudad y ahora conformarán su primer libro en solitario. Puedes conocer más sobre sus trabajos en su página web y seguirle en Instagram.

27 Comentarios

  1. […] Siempre es un placer poder colaborar con los amigos de Photolari, la web de fotografía de referencia en castellano. Así que cuando me les conté el proyecto del libro sobre la nevada en Madrid y se enteraron de que había hecho más de 4000 fotos me preguntaron si me gustaría escribir sobre como fue el proceso de selección para reducirlas a alrededor de un centenar. […]

  2. […] Siempre es un placer poder colaborar con los amigos de Photolari, la web de fotografía de referencia en castellano. Así que cuando me les conté el proyecto del libro sobre la nevada en Madrid y se enteraron de que había hecho más de 4000 fotos me preguntaron si me gustaría escribir sobre como fue el proceso de selección para reducirlas a alrededor de un centenar. […]

  3. He seguido a Ignacio desde que lo descubri en Flickr con las fotos que hacia con una Nikon D90.
    Me parece un gran documentalista y siento envidia sana por los viajes que ha hecho y de los cuales ha ido compartiendo y publicando imagenes. Su libro sobre la dichosa nevada sera un documento mas,entre muchos de un hecho historico.Cada uno es libre de valorar estos documentos.yo,personalmente,participare con mi contribucion al proyecto en la medida de mis posibilidades.La calidad del trabajo de Ignacio y el gran numero de seguidores que tiene se demuestra en que las aportaciones para llevar a cabo su proyecto han superado con creces los minimos requeridos. Dicho esto,podeis seguir escribiendo sobre si el acontecimiento merece o no un libro,pero no paseis por alto que cada palabra que escribis a favor o en contra demuestra que es un hecho destacado. Solo me queda felicitar a Ignacio y pedirle que siga siendo ese viajero,reportero,documentalista genial que ha sido hasta ahora.Muchas gracias por tus imagenes.

    • Muchísimas gracias por tus palabras… y sobre todo muchas gracias por estar ahí desde casi los inicios!! Esa D90, que de alegrías dio y como aguantó!!

      ¡Muchas gracias por apoyar el proyecto! Y descuida que en cuanto se pueda volveré a salir a viajar con la mochila y la cámara. Un abrazo!

  4. Buenas Ignacio
    Vaya por delante mi felicitacion por tus fotos, algunas son espectaculares, la del Palacio de Cristal es preciosa o del arranque de Gran Via, que parece un escenario apocaliptico…
    cualquier madrileño recordara esta tormenta de nieve como historica y recuerdo la del año 2009 y aun siendo abundante no cayo ni la quinta parte.
    Tuviste una gran idea saliendo con la camara y recorriendo
    la ciudad CUando todo estaba paralizado y tiene muchisimo merito tu trabajo y tu esfuerzo.Yo ya he pedido tu libro porque esas fotos es muy dificil que se vuelvan a repetir y es lo que les proporciona un valor especial porque cada vez es mas raro que se produzcan este tipo de fenomenos en Madrid dado que es evidente que la temperatura ambiente ha ido subiendo poco a poco con los años y los inviernos en Madrid actuales no son como antes y yo ya recuerdo unos cuantos
    Enhorabuena de un madrileño agradecido!!

    • Hola Jose Luis, muchas gracias por tus palabras. Tal y como supones, hacer fotos en esas condiciones fue complicado pero también fue una manera muy divertida (y muy fría) de vivir la nevada. Espero que el libro quede con un bonito recuerdo de lo que fueron esos días. Un abrazo fuerte y gracias por apoyar el proyecto!

  5. Se agradece un reportaje sobre el proceso de edición de un libro… y no tanta cámara y megapíxeles parriba y pabajo… todo el santo día con los juguetitos… esto también es fotografía y de la buena. Menos consumismo de cacharritos y más creatividad.

  6. Añado que la ocasión excepcional climatològica merecia quedar reflejada para la posteridad y ahi van mis felicitaciones

  7. Excelente trabajo. Por fin me he puesto a clasificar mis fotos digitales desde 2004. Ya organitzadas por fechas en mi HD externo. Yo de momento las voy clasificando por palabras clave, però en cada sesión me gustaria ver solo las pendientes de etiquetar y no consigo hacerlo. Después con el tiempo ya vendrà el descarte o classificación.

    • Hola y gracias Endre. Para lo que tu quieres hacer puedes hacerte una colección inteligente, en la que te aparezcan las fotos que no tienen palabra clave. Sería algo como:

      «Coincidencia con TODAS de las siguientes reglas.
      Palabras Clave – Están vacíos».

      Espero que te valga!

  8. Sin menospreciar al fotógrafo. Son fotos muy bonitas pero, que se haga un libro por que hubo una nevada me parece delirante.
    He vivido en Madrid durante 10 años, me cayó nevadas, lluvias, sol, viento.
    Si algo aprendí de las capitales es que solo le hacen caso a la naturaleza cuando les afecta y no al revés con en los pueblos.
    En los pueblos vivimos de la naturaleza y para nosotros lo normal sería hacer un libro sobre lo anormal de convivir con una boina de contaminación 300 días al año.
    Curiosa forma de tratar a la naturaleza que tienen los cosmopolitas

    • No soy de Madrid, pero imagino que documentar la mayor nevada en 50 años es algo digno de libro, porque la mitad de la población de esa ciudad es algo que nunca ha vivido. No creo que vivieses una nevada así porque has vivido 10 años ahí y la anterior nevada documentada de este calibre fue por los años 60 mas o menos.
      La gente de pueblo (de la mitad norte, imagino, como yo) sabe lo que es una nevada, pero dar por hecho que si en tu pueblo nieva en el resto del mundo también, es un poco de tener que revisar tu ego.
      Imagino que si en tu pueblo hay un fenómeno que no ha ocurrido en los últimos 50 años no se te ocurriría sacar una foto, ¿no?

      • Cito textualmente un extracto de la última gran nevada en Madrid antes de Filomena:
        «Sin duda, la nevada más importante que se recuerda en Madrid en su historia reciente es la que hubo el 9 de enero de 2009. Fue una segunda mitad de Navidad muy fría, con máximas que apenas llegaban a los 5 grados y mínimas bajo cero, y una borrasca mediterránea tremenda. Con esos condicionantes llegó a Madrid una nevada de hasta 15 centímetros de espesor en pleno centro de la capital»
        En esa nevada, Madrid también petó, no hubo aprovisionamiento de sal, caídas a tutiplen, atascos a patadas y políticos bostezando.
        Conclusion: Las fotos muy bonitas pero los cosmopolitas creen algo normal vivir con boina y no con nevadas.
        Soy del Sur, también nieva y llueve, truena y hace sol.
        Un saludo.

    • He vivido algunas temporadas de meses (con inviernos incluidos) en Escocia, Noruega, República Checa y Holanda.

      Ni que decir, que las nevadas en estos sitios se descojonan de las de tu pueblo, porque lo normal es que nieve más de 1 metro en alguna ocasión en plena ciudad (sin menospreciar tu pueblo). Y te puedo decir, con toda seguridad, que la nevada de Madrid (que me pilló allí) fué histórica.

      En mi zona (zona Sur), que es más avierta de edificios, la nieve llegaba por la rodilla, y jamás pensé que sacaría fotos andando en mitad de la M40.

      Esto es normal en ciudades de otros países, pero no en España, y por tanto es digno de libro.

      Estoy viendo algunos comentarios con tonos de envidia… en fin.

      • Yo de Madrid súper agradecido de como me trataron y un 10 por su carácter castizo. Y Hala Madrid!
        Pero lo cortes no quita lo valiente, Madrid, Sevilla, Valladolid, Barcelona, Murcia, Valencia, Zaragoza, etc etc adolecen como capitales de un ego que carecen en la periferia pero erras en una cosa, lo normal es que nieve en invierno, (por ser invierno, es lo esperable) que nieve mucho o poco a mi me es indiferente por qué la naturaleza es caprichosa (y más con nuestra actitud con respecto a la naturaleza) pero estraña mucho a los cosmopolitas que les afecte la naturaleza y les impida alguna actividad, cosa que en los pueblos es natural y se da por sentado, en cambio, una cosa artificial, peligrosa, que afecta a Madrid y que le jode la salud a miles de personas y se llama boina, lo naturalizan más que una nevada que es lo natural en invierno.
        El mundo al revés pero claro, decir lo curioso y paradójico del asunto es tener envidia, jamones fritos.
        ¿Haréis en Madrid un libro sobre la sequía cuando tengáis sequía? ¿Os sentís más nórdicos por una nevada en invierno o tercermundista por qué cuando caen cuatro copos Madrid colapsa comparada con cualquier pueblo de la sierra española o de Rusia?. Las cosas por su nombre por favor. Para quienes han vivido en pueblos y capitales siempre podrán comparar situaciones y actitudes y saben perfectamente el día a día de la naturaleza, los que sólo ven su ombligo creerán que nevar en invierno es «cuántico». Y si es normal lo que tu dices, que alguien me explique como de normal es que vea desde la costa de mi pueblo de Málaga Sierra Nevada a tope de nieve (150 km en línea recta) y que Madrid por su boina bonita no se vea la sierra en absoluto (70km). Muy natural todo.

        • “Cuatro copos”?? tengo 46 años y nunca he visto Madrid así. Mi padre tiene 73 y nunca ha visto Madrid así. Soy montañero, senderista, alpinista y naturalista y qué quieres que te diga pasearme con mis crampones por Madrid oyendo crujir el hielo ha sido una experiencia cuanto menos curiosa. Tengo pedido el libro porque recuerdo esta nevada no como un cosmopolita incomodo si no como una experiencia placentera que espero que se repita más veces. Las fotos son estupendas y reflejan como dice ese autor esa luz de noche que se reflejaba en todas partes. TE RECOMIENDO EL LIBRO PARA QUE CULTIVES ESA IGNORANCIA ARROGANTE DE OPINAR SOBRE LO QUE NO HAS VIVIDO… típico de algunos de pueblo como tu.

  9. Yo fui a documentar la nevada en el Retiro sobre las 12 de la mañana hasta las 1 de la tarde, el parque del Retiro cerró a las 16:00 h por riesgo de alud, a las 17:00 h decretaron Alerta Roja por Nieve en toda la Comunidad de Madrid prohibiendo salir salvo caso de extrema necesidad. Me pregunto por tanto como se hizo la fotografía del Palacio de Cristal a obscuras si el parque no abre hasta las 10 de la mañana y a las 16:00 h estaba cerrado por alud. Mención aparte vagabundear por Madrid con Pandemia y con Alerta Roja por Nieve.

    • Desconociendo su labor y como se hizo esa foto, es lo que tiene ser profesional y dedicar su actividad económica a esto, sería pues como preguntar a Manu Brabo que hacía en Honduras, Haití o Egipto, o a Gervasio Sánchez, Paul Hansen y demás compañeros.

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