En mi mochila: Víctor Lax

Hoy en Photolari nos asomamos a la mochila de uno de los mejores fotógrafos de boda del mundo

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A nadie se le escapa que la fotografía de bodas está viviendo un cambio radical en los últimos años. Poco a poco se aleja de aquella fama casposa que tenía el llamado sector de la BBC -bodas, bautizos y comuniones- para abrazar nuevas narrativas y estilos más documentalistas y experimentales. Y nuestro invitado de hoy es, sin duda, uno de los máximos exponentes de esta revolución.

Víctor Lax ha sabido conjugar como nadie la fotografía de bodas con el arte, con un estilo y una sensibilidad que le han aupado a la élite de esta disciplina. Buena prueba de ello es la larga lista de premios internacionales que acumula a lo largo de su carrera, incluyendo algunos tan prestigiosos como el Fearless phototographer of the year en 2016.

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Lo que empezó como una manera de ganarse la vida tras 10 años dedicado al fotoperiodismo, se ha convertido en su principal actividad con una media de 30 bodas al año. Así que no podemos más que agradecer a Víctor Lax haber encontrado un hueco en su agenda para pasar por Photolari, enseñarnos su equipo y compartir con todos nosotros su manera de entender la fotografía.

11 COMENTARIOS

  1. Buenas… Se me hace raro leer esta serie de comentarios la mayoría tan agrios, después de ver un reportaje tan estupendo.
    Gracias, Víctor Lanx, por la lección y esas fotos fantásticas que habéis intercalado ¡No nos queda nada que aprender!
    Saludos

  2. Y la manía de llamarles lentes a los objetivos, al menos en el español de España siempre se adoptó el palabro «objetivo», directa influencia del idioma francés desde tiempos de Daguerre. Pero bueno, ahora que somos mas modernos y «todo el mundo habla inglés», llamémosle «lentes».

    • Llamar «objetivo» al cristal enroscado en la cámara también debe ser casposo. La superioridad moral de los postmos les hace resignificar la realidad con una noelengua adaptada a los nuevos tiempos y desautorizan el pasado con una mirada arrogante y soberbia. Y si pensamos en lo «objetivo» como la representación fidedigna y no subjetiva de la realidad que antes se concedía a la fotografia, eso ya no es sólo anacrónico y casposo sino directamente fascista.

  3. Calificar de «casposa» una actividad con la que cientos de buenos fotógrafos se han ganado la vida honorablemente en el pasado me parece una falta de respeto intolerable.

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