Por Juan Antonio GuerreroSu descomunal tamaño hizo que la Fujifilm GSW690II se ganara el apodo de «Texas Leica». Y no es una mala descripción, la verdad. De hecho, cada vez que la saco a pasear me entra una risa tonta porque de verdad parece una broma. Sin embargo, a pesar de semejante envergadura es una cámara cómoda de llevar y de manejar.

Los negativos que fabrica son de 6×9 cm, la transición entre el formato medio y el gran formato. Imagina caminar por ahí con una cámara de banco óptico colgando del hombro. Obviamente no es lo mismo, no puedes controlar la perspectiva ni el plano focal con ella, ni siquiera puedes cambiar el objetivo, su magnífico Fujinon-SW 65mm f5.6 está fijo en el cuerpo. Aunque en realidad sí que puedes, pero comprando otra cámara, la GW690II, hermana de esta pero con un 90mm f3.5.

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Foto: Juan Antonio Guerrero

Si bien la fotografía química vive una época un poco rara, entre los precios de la película y la burbuja del mercado de segunda mano en el que hay determinadas cámaras y objetivos alcanzando precios ridículamente altos, las telemétricas de formato medio pasan por un momento curioso.

Son objeto de culto, pero al mismo tiempo se están usando con bastante normalidad en algunos ámbitos, como la fotografía de moda y la de autor, por ejemplo. ¿Por qué? Pues vaya usted a saber. Supongo que a estas alturas quien incorpora en su trabajo algo así es porque cree que es lo apropiado, quizá por alguna motivación de tipo emocional, porque se busca una estética determinada o porque así se diferencia del resto. Sea como sea, es una realidad.

Pero volviendo a la experiencia de disparar con esta Fuji gigante, ante todo es una cámara con telémetro. Se habla mucho de si una telemétrica aporta algo al hecho de hacer fotos, y eso es perfectamente discutible.

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Foto: Juan Antonio Guerrero

En este caso entiendo que el telémetro ayuda a que la cámara no sea todavía más enorme. Si has usado alguna vez una Pentax 6×7 sabes a qué me refiero. Ahora imagínala además en formato 6×9. El espejo no ayuda nada si la idea es llevarla encima, por mucho que hablemos de una cámara compacta -sin óptica intercambiable- al estilo Canonet, pero de formato medio.

Un ejemplo de este tipo de modelos que actualmente está en el top de las cámara analógicas más deseadas son las Mamiyas 6 y 7, cuyos precios ya han llegado a un punto en el que, a menos que seas rico o las vayas a amortizar de alguna manera, son un lujo difícil de justificar.

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Foto: Juan Antonio Guerrero

Sin embargo, y supongo que porque el objetivo fijo es una barrera para mucha gente, estas Fujis a veces se encuentran a precios muy razonables. Y ese fue mi caso, aunque le hizo falta un poco de bricolaje porque estaba bastante mal estéticamente, necesitó juntas nuevas y una buena limpieza. Pero aquí está, tan ricamente.

Hay que tener claro -esto es importante y probablemente lo mejor y lo peor de la cámara- que en un rollo de 120 solo salen ocho fotos. La cámara tiene dos posiciones más, para los ya inexistentes rollos de 220 con 16 fotos y un modo en el que hace 4 fotos en un poco común rollo de 120 half-lenght que no he visto en mi vida.

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Foto: Juan Antonio Guerrero

En realidad veo positivo que sólo haga ocho fotos. Es un ejercicio fotográfico muy saludable imponerse un límite, además de ser un poco doloroso si piensas en lo que estás gastando en cada disparo. Así te lo piensas más y te obligas a darle una vuelta a todo antes de pulsar el botón de disparo.

Pero volviendo al hecho de que es casi una cámara de gran formato, hacer ocho fotos seguidas sin cambiar el chasis de la película y enfocar rápidamente sin tener que ponerse un trapo en la cabeza también es un plus.

Por otra parte, si hacemos cuentas y nos imaginamos cuánto puede costar el equivalente a esta Fuji en formato digital tampoco es tanto. Aunque dudo que esto llegue a existir algún día: una telemétrica digital con un sensor de 6×9.

Bromas aparte, el manejo es realmente fantástico, como cualquier telemétrica. No tiene fotómetro, es 100% mecánica y a pesar de su tamaño no pesa demasiado. La impresión de robustez es extraordinaria, a pesar de que la parte superior sea de policarbonato, otro buen detalle para controlar el peso de la cámara.

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Foto: Juan Antonio Guerrero

Cargar la película es fácil, no tanto como en una cámara de 35mm pero con menos dificultad que en una Hasselblad. El avance de la película después de cada toma necesita mover dos veces la palanca de arrastre, como en una Leica M3 “double stroke”. Esto -dicen- es bueno porque se fuerzan menos los engranajes y la hacen más duradera. Interesante, porque éste suele ser el punto débil de muchas cámaras de este tipo.

Uso telemétricas desde hace mucho tiempo y me parecen una solución muy inteligente al asunto del enfoque en una cámara de película si queremos un equipo compacto. El visor es muy amplio y claro y el parche para el enfoque se distingue perfectamente en cualquier situación. No tiene nada que envidiar a una Leica, por ejemplo.

Los controles de diafragma y velocidad están en dos anillos del objetivo, y los valores se muestran en una ventana en la parte superior de éste. Un detalle un poco molesto es que el parasol no se puede quitar y a veces estorba un poco, además de que el uso de filtros está muy limitado: no le puedes poner un portafiltros y acceder a esos anillos porque al retirar el parasol hacia atrás los tapa.

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Foto: Juan Antonio Guerrero

La estoy usando normalmente para paisaje cuando no quiero cargar con mucho peso, sobre todo en blanco y negro. El objetivo equivale a un 28 milímetros en paso universal y tiene una calidad excelente, sin apenas distorsión ni viñeteo. El 6×9 tiene la misma relación de aspecto que el 35 milímetros, y eso me encanta. Cuestión de gustos, claro.

Mi intención es hacer copias en papel en el laboratorio, pero actualmente no tengo ampliadora para 6×9, así que no me queda otra que escanear mientras me hago con una. Sin embargo aquí hay un detalle importante: el negativo es tan grande que incluso en un escáner no dedicado y sin irnos a valores de 4800ppp salen archivos de muy gran tamaño.

En definitiva, una cámara que por una parte es excesiva o demencial pero que realmente se disfruta en su uso. En la actualidad es difícil justificar su compra, pero si te gustan estos trastos, hacer fotos sin prisa y de alguna manera te compensa hacerlas en película es una opción muy placentera. Especialmente si la encuentras a un precio que no sea un disparate. Y si ya tienes una, no la vendas.


Juan Antonio Guerrero es fotógrafo. Puedes conocer más sobre su trabajo en su página web y su Instagram.

29 COMENTARIOS

  1. Hola. Yo tengo una Mamita Press 6×9 con óptica normal (se puede intercambiar ópticas), diafragma , velocidad y obturador en la óptica, y con accesorios: respaldos de película, anillos de extensión, separadores del respaldo al cuerpo, empuñadura lateral, etc. No la uso ya pero está en correcto orden de uso. Mi pregunta es: ¿se trata de un conjunto que tuviera cierta demanda para uso o es más un conjunto de interés casi exclusivo para coleccionistas? Pido solo una opinión, claro. Muchas gracias.

    • Al precio que están los carretes de 120……. tu mismo…….

      Yo, lo que tardé en darme cuenta que no habría respaldos digitales para esa, una Bronica que tenía, y la Fuij GSW 69, las puse de patitas en la calle. Gracias a que andé rápido, pude venderlas a muy buen precio,mas de lo que me imaginaba. Todavía la gente no tenía idea de que aquello en dos o tres alos, no iuba a veler un pimiento…….

      Hoy la mayoría de la gente que está volviendo al carrete, lo hace mas por snobismo que por otra cosa, y lo poco que hace es en 35mm.

      El que te casquen mas de 25 € por un carrete de 12 fotos mas la parafernalia que viene después con los químicos papeles etc, no ayuda tampoco mucho que digamos…..

  2. Hace más de 20 años tuve esta misma que llevé en mi mochila junto a una Nikon FM2 y una FE2, a Cuba y también con el fotómetro Sekonic 308S para hacer un poco de Street discretamente y un poco de paisaje…

    Hará cosa de tres años me vendí la Rolleiflex T gris que era demasiado bonita para sacar a pasear y me pillé a buen precio la GW 690 III para poder hacer alguna sesión de fotos y la mía, puede hacer hasta 16 tomas pues en la nevera queda algún rollo de 220 Fujichrome, el resto son 120.

    Tengo la ampliadora 6×9 que no tengo intención de vender pues está impecable aunque, no creo que vaya más allá de 30×40 cm en cuanto me vuelva a poner, mientras uso el Epson Perfection V600 Photo aunque cuando revele en color pediré escaneos de tambor para ver que da. Con el Epson tengo resultados espectaculares.

    Esta camarita no es una confortable Mamiya 7 y tampoco dispara silencioso como esa, vamos que si fotografías a un abuelo durmiendo, seguro que despierta (a no ser que padezca sordera, claro).

    A día de hoy ya no tengo el Sekonic, que se estropeó y aunque tenga un Minolta V, aconsejo utilizar la aplicación de móvil de pago «myLightmeter» Pro o una Fujifilm X-E3 con una óptica parecida, la óptica de 90mm f:3.5 equivale a un 39mm f:1.2 así que con un 35mm f:1.4 ya haremos, pero aconsejo más la aplicación de móvil ya que además tiene un diseño retro muy logrado.

    Ahora estoy a la espera de encontrar una historia para llevar a cabo una buena sesión y sacarle todo el jugo posible a este CAMARÓN.

  3. Soy aficionado a la línea Fujifilm X PRO 3, por su simulaciónes kodakchrome, y era antes aficionado a la línea Leica digital y analógica. Todo una herencia de mi padre , fotógrafo holandés que hacía con su cámara de placas y Rolleiflex, los primeros reportajes en España para revistas en Norte de Europa, años’20 y ’30 y años ’50 siglo pasado. La Nostalgia analógica !!

  4. Soy aficionado a la línea Fujifilm PRO 3, por su simulaciónes kodakchrome, y era antes aficionado a la línea Leica digital y analógica. Todo una herencia de mi padre , fotógrafo holandés que hacía con su cámara de placas y Rolleiflex, los primeros reportajes en España para revistas en Norte de Europa, años’20 y ’30 y años ’50 siglo pasado. La Nostalgia analógica !!

  5. Yo tengo sus antecesoras, la GL690 y la GM670, de formato 6×7 y 6×9 respectivamente, y he de decir que trabajar con este tipo de cámaras es una gozada, un Ektar o un Portra o Diapo sobresalen con estos tamaños de negativo. Fiables, resistentes, sin electrónica ni pilas que fallen. De hecho son las únicas telemetricas que soporto y poseo, son ideales para sacar a la calle, pero…en caso de estudio, sigo confiando en mi mamiya RB67 con el chasis de 6×7 y el de 6×8.

  6. Los resultados hacen dudar que el formato grande brinde la calidad que se le supone. O tal vez sea culpa de quien la ha manejado, que no ha sabido elegir sujetos adecuados para el trasto.

  7. Una cámara fantástica, un formato impresionante, una calidad óptica inigualable. El negativo te permite un factor de ampliación enorme. Tanto la óptica como el propio formato, si sabes que película usar y como procesarla producen unas fotos «límpidas» y nítidas con una gama tonal alucinante. Yo tengo el modelo posterior, la versión III, mas ligera pero igual de mastodóntica, y es una gozada trabajar con una maquina así.

    Solo matizar que para traducir el significado de «Texas Leica» a nuestro idioma tendríamos que apodarla de «Leica gallega» o «Leica de Lepe», lo del «Texas» es el apodo estadounidense, ya que cuando se trata de bromear sobre brutos, los texanos son para EEUU lo que los leperos o gallegos para España.

  8. Como todas las de su estirpe, una cámara que rezuma caspa por los cuatro costados y que pertenece a una época muy casposa de la fotografia felizmente superada por el postmoderno código binario de los ceros y los unos.

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