No está muy claro si Instagram sigue siendo esa especie de portfolio o primera carta de presentación imprescindible en el sector de la imagen. Algún día lo fue, pero los continuos y mareantes cambios en el algoritmo para potenciar vídeos, reels, galerías o la penúltima moda hacen que cada vez se cuestione más su utilidad profesional.

Pero más allá de esta perspectiva fotográfica, de lo que no hay muchas dudas es de que los estereotipos que reproduce esta red social y la supuesta vida perfecta que se tiende a compartir también puede pasar factura a la salud mental de los usuarios.

Así lo recuerda un nuevo estudio realizado por investigadores de la Bournemouth University y que se centra en los efectos de Instagram dependiendo del uso de esta red social.

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El Instagram de Photolari sí es bueno para tu salud. Y además no te vendemos cursos ni presets.

Según leemos en DIY Photography, el uso pasivo es el que más problemas puede generar. De hecho, el estudio asegura que navegar por los contenidos de otros usuarios sin interactuar con ellos puede desencadenar problemas de ansiedad y depresión.

Frente a este scrolling de los denominados usuarios pasivos no sociales y sus potenciales peligros, curiosamente el mismo estudio también revela una forma de uso de Instagram que puede ser buena para el estrés: compartir contenido pero, de nuevo, sin necesidad de entrar en el juego social.

En este caso -apuntan los investigadores- los usuarios se limitan a compartir sus contenidos y recibir los likes y los comentarios positivos de otros, pero sin la presión de tener que interactuar con ellos.