«Una fotografía mía no va a cambiar el mundo, ni siquiera la vida de nadie” – Un café con Judith Prat

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Asegura Judith Prat que ella no fotografía víctimas, sino supervivientes. Un buen resumen de una forma de trabajar y documentar que quiere huir de las prisas de quienes llegan, disparan y se van y reivindica que a veces hay que escuchar sin sacar la cámara de la mochila.

“El silencio es impunidad”, reivindica, aunque asume que eso de que las fotos pueden cambiar el mundo o una sola vida es una frase bonita, pero con muy poco recorrido en la vida real. “Pero si tienen tanto interés en que ciertas historias no se cuenten, igual es por algo”, matiza.

Aprovechando su charla en la última edición de Formentera Fotogràfica nos hemos sentado a charlar un rato con ella sobre Ucrania y guerras olvidadas, sobre las mujeres que son protagonistas de muchas historias -aunque ella no hace temas de mujeres, nos recuerda-, sobre el proyecto Matria, y sobre cómo fotografiar sin alimentar los roles de siempre.

4 COMENTARIOS

  1. Lucas Vallecillos es otro fotógrafo que se preocupa de las barbaridades que se cometen por esos otros mundos. Actualmente expone en La Laguna (Tenerife) un trabajo sobre la explotación infantil. Le he escuchado en una entrevista, que la mayoría de los abusos que se cometen, son conocidos por el entorno familiar, y admitidos por la sociedad…pero nadie hace nada. Lo dicho, son mundos diferentes.

  2. Lleva razón cuando afirma que una foto suya no va a cambiar el mundo, ni la vida de nadie. Lo mismo que ha sucedido que las miles y miles de fotos hechas con el transcurrir de los años, sobre las miserias repartidas urbi et orbi. Como ha dicho durante la entrevista, han de ser los fotógrafos locales los que documentalizen los problemas de cada lugar, para no contaminar con la mirada del “blanquito eurocentrista”. Como “blanquitos eurocentristas” no se puede ir por el mundo comparando tú mundo, con los demás, hay que asumir que cada lugar tiene sus maneras de proceder, y seguramente lo único que se conseguirá es la sorpresa de ver una mujer rubia haciendo fotos, pero poco más. Conozco a mujeres que llevan más de treinta años haciendo labor humanitaria en hospitales de Camerún, y sí han conseguido cambiar un poco la vida de alguien, pero son conscientes que debido al entorno y la forma de vida, poco más pueden hacer. El mayor cambio que ha habido en cincuenta años, es que antes todas estas injusticias se documentaban con película y ahora es en digital. Es la triste realidad.

  3. Se agradece el alarde de sinceridad pero una fotógrafa que no tiene la ambición de cambiar la realidad con su cámara es una fotógrafa precaria que no tiene cabida en el nuevo activismo postmo que sí está decidido a transformar el mundo con su trabajo comprometido.

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