“Los fotógrafos no envejecen, solo van perdiendo nitidez”, es la frase que un colega neoyorquino le dijo una vez a la intrépida fotógrafa Marilyn Stafford. Su nombre nos resulta prácticamente desconocido, pero su vida y obra las firmaría con gusto el mismísimo Cartier-Bresson, a quien por cierto conoció y trató, en un episodio del que os hablaré un poco más adelante.

Stafford es, a sus 97 años, una leyenda viva de la fotografía, pero una leyenda olvidada, como tantas otras, en su inmensa mayoría mujeres. Pero en el caso de Marilyn Stafford este olvido es aún más llamativo teniendo en cuenta que se codeó con gente como ya citado Cartier-Bresson o con Robert Frank, y que su carrera está plagada de vivencias dignas del mejor guion hollywoodiense.

¿Acaso muchos fotógrafos pueden decir, por ejemplo, que se iniciaron en la profesión retratando con una cámara prestada al gran Albert Einstein?

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Foto: Marilyn Stafford

Nacida en Cleveland, Ohio, en 1925 y criada durante los años de la Gran Depresión, Stafford tuvo un primer contacto precoz pero muy desilusionante con la fotografía. Estrenó una pequeña Kodak Brownie en un picnic familiar y se metió, emocionada, al río con ella. El chasco vino cuando, al revelar las fotos, no vio en ellas ni un atisbo de la emoción que sintió al hacerlas. Eran, según sus palabras, “solo agua y piedras”.

Esa necesidad de transmitir sus emociones la llevó a perseguir el sueño de ser actriz y cantante.  Para ello estudió hasta los 18 años en el Cleveland Playhouse, junto a un entonces desconocido Paul Newman.

A Stafford le gusta decir, entre risas, que es la única fotógrafa experta en el método Stanislavski. Después se mudó a Nueva York y aceptó un trabajo temporal como asistente en un estudio fotográfico para poder pagarse los gastos. No podía sospechar que aquel era el comienzo de una brillante carrera en fotografía.

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Foto: Marilyn Stafford

Su gran y sorprendente debut llegó, por puro azar, en 1948, cuando acompañó a dos amigos que iban a entrevistar a Albert Einstein para un pequeño documental. Cuando se dirigían a casa del genio, entregaron a Marilyn una cámara de 35 mm y le dijeron que se encargara de las fotos.

Stafford entró en pánico por la responsabilidad del encargo y porque hasta entonces solo había hecho fotos con una Rolleiflex de doble lente. En una entrevista online a Digital Camera World publicada en mayo de 2021, la propia Marilyn cuenta así su encuentro con Albert Einstein:

Cuando llegamos, nos abrió la puerta el mismísimo Einstein, vestido con unos pantalones anchos y una sudadera. Se mostró muy cercano y amable. Mientras mis amigos instalaban su cámara de cine, Einstein se sentó en una silla cerca de la chimenea de su salón y preguntó a qué velocidad pasaba la película por la cámara. El director se lo explicó. Entonces él asintió suavemente y dijo: “Gracias. Ahora lo entiendo.»

Eso me sorprendió. No todos los días encuentras tanta humildad en alguien que es un genio. Desde entonces, no soporto a los idiotas. Así que hice lo que tenía que hacer: concentrarme y hacer las fotos. Desafortunadamente, el director se quedó con todos los negativos y solo me quedé con una copia en grande y tres o cuatro pequeños retratos.

En uno de esos retratos, Einstein sonríe tímidamente. A Stafford le gusta pensar que es a ella a quien el genio sonreía.

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Foto: Marilyn Stafford

Con 23 años viaja a París acompañando a una amiga que se acababa de separar de su marido. Se enamora de la ciudad y decide quedarse. Recorre cámara en mano los barrios de la capital francesa siempre que puede y consigue trabajo como cantante en el prestigioso Chez Carrère.

Allí conoce a Eddie Constantine, pareja en aquellos días de la gran Edith Piaf. Frecuenta durante meses a la propia Piaf y a otras figuras como Charles Aznavour.

A la cantante francesa le hará uno de los retratos de los que más orgullosa se siente: Piaf, vestida totalmente de blanco, ríe relajada sentada en un sillón. Una imagen muy diferente al habitual estilismo negro y gesto grave de la gran dama francesa de la canción. Stafford consiguió mostrar a una Piaf diferente, pero igual de auténtica.

En París traba también amistad con Robert Capa, David ‘Chim’ Seymour y Henri Cartier-Bresson, tres de los fundadores de la legendaria agencia Magnum. Capa, que ya entonces tenía fama de seductor, le preguntó por qué los hombres lloraban en su hombro en lugar de mordisqueárselo.

Ella le recuerda como un hombre mayor, pero muy atractivo, que la animó a seguir haciendo fotos y le sugirió que trabajara como asistente de ‘Chim’ Seymour, pero Marilyn tenía muy claro que no quería trabajar en zonas de guerra y rechazó la oferta.

Fue Cartier-Bresson quien jugó un papel más importante en su trayectoria. Marilyn dice que fue quien le enseñó a ver. Presentando por un amigo común, el escritor indio Mulk Ranj Anand, el francés se convirtió en su mentor y salieron varias veces a hacer fotos juntos. Stafford le recuerda como un hombre muy alto y con sombrero, con una endiablada rapidez para ver el momento y captarlo con su cámara sin que nadie se diera cuenta.

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Foto: Marilyn Stafford

Gracias al francés, Stafford consiguió su primera portada en un diario, ‘The Observer’, con unas fotos sobre la situación de los refugiados en la frontera de Túnez con Argelia. Cartier-Bresson vio sus fotos en París y fue él quien las envió al periódico.

Las fotos de Stafford acrecentaron el interés en torno a la situación de los refugiados y el ‘Observer’ decidió enviar un periodista a la zona para cubrir el tema. La fotoperiodista norteamericana tuvo por fin la sensación de que sus fotografías valían para algo.

Fue el punto de inflexión de un periplo iniciado dos años antes, cuando Marilyn se casa con un corresponsal británico y comienza a viajar con él por todo el mundo, cosa que aprovecha para documentar con su cámara diversos temas de interés humano y social en países como Líbano, Bangladesh o India.

Años después, y con una hija pequeña, Stafford se separa de su marido y se establece en Londres. Allí conoce al fotógrafo francés Michel Arnaud y juntos abren una pequeña agencia de moda. Será su sustento hasta que se retira en 1980, a los 55 años de edad.

Cubrieron desfiles de alta costura y editoriales de moda. Stafford se reveló como una fotógrafa muy creativa dentro un mundo con unas reglas demasiado bien definidas. Ya en sus primeras incursiones en la fotografía de moda en París, la norteamericana apostó, como el gran William Klein, por romper moldes y llevar las sesiones a la calle, fuera del estudio fotográfico.

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Foto: Marilyn Stafford

Sin embargo, y a pesar de todo, al echar la vista atrás sigue pensando que no fue capaz de captar las emociones tal y como se vivían en el propio lugar y momento. Queda patente cuando habla de su trabajo en Bangladesh, donde fotografió a algunas de las más de 200.000 mujeres y niñas bengalíes violadas por soldados pakistaníes durante la guerra de liberación en 1971:

Había tanto terror en los ojos de las personas que allí me encontré… En todos ellos. Y yo deseé tanto captar ese sentimiento, pero nunca lo conseguí. Fotografié un montón de caras y ojos, pero simplemente no pude capturar ese horror.

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Foto: Marilyn Stafford

Tras jubilarse, Stafford cogió todos sus negativos y los guardó en cajas de zapatos que arrinconó debajo de su cama durante décadas.

Una retrospectiva en 2020 y un libro editado con tal motivo han rescatado parcialmente del olvido a esta mujer menuda que se codeó con los más grandes y que aún hoy, casi centenaria, se resiste a dejar atrás a la niña desilusionada con aquellas primeras fotos en las que no veía emoción, sino “solo agua y piedras”.


Leire Etxazarra es periodista, divulgadora fotográfica y autora del muy recomendable blog Cartier Bresson no es un reloj donde escribe, entre otras cosas, sobre fotolibros que merecen mucho la pena.

35 Comentarios

  1. Qué diferencia entre este artículo magistral de Leire y el artículo de la foto sobre el paquete de Sánchez… tremendo, no se puede caer más bajo.

    • Si llevas algún tiempo por aquí ya deberías conocer el terreno que pisas y no sorprenderte por el hecho de que un medio generalista supuestamente técnico y profesional utilice su plataforma para hacer propaganda subliminal de su ideología particular, pero estoy de acuerdo contigo en que con esto de sacar de paseo el posado de un cadáver político para reivindicarlo se han superado.

  2. Cada día consumo mas material editorial incluso echando mas de menos revistas como Geomundo.
    Excelente artículo. Te seguiré leyendo.

  3. Coincido totalmente con los anteriores comentarios.

    Me ha entrado mucho bien por el cuerpo leyendo este artículo sobre Marilyn Stafford, un auténtico lujo, con un texto muy cuidado y una excelente selección de fotos.

    Se nota cuando hay criterio, experiencia, talento y pasión a raudales por la fotografía, aspectos todos ellos de los que Leire Etxazarra destaca sobremanera, así como su gran capacidad de análisis de las imágenes.

    En este sentido, su video » The Living Theatre «, en el que Leire habla de las maravillosas imágenes del fotógrafo chino Fan Ho, al que acertadamente define como un mago de la luz, es a mi modesto entender una auténtica joya.

    Y por supuesto, su blog cartierbressonnoesunreloj.com es muy útil e interesante para cualquier persona que quiera aprender sobre grandes fotógrafos, sin olvidar la sección Descubriendo Fotolibros, en la que Leire muestra una y otra vez su inefable don para explicar diferentes libros sobre fotografía y maestros de la misma, de los cuales me impresionó su artículo sobre el fotolibro » In The Camps «, con fotografías hechas en 1993 y 1994 por el fotógrafo de la Agencia Magnum Erich Hartmann en los campos de concentración nazis de Polonia, Austria, Alemania, Francia y Holanda.

    Chapeau !

    • Hola, José Manuel!

      Vaya… muchísimas gracias por tus palabras, estoy abrumada, de verdad… casi no sé ni qué decirte! Me alegro mucho de que te haya gustado el artículo sobre Marilyn Stafford y de que sigas el blog y el canal de Youtube de ‘Cartier-Bresson no es un reloj’ con tanto entusiasmo.

      Un abrazo enorme. Y gracias de nuevo!

      Leire

  4. Leire, hacía mucho que no te leía… Como siempre, estupendo post. Seguiré indagando en la obra de Mss Stafford. No la conocía.

  5. Gracias por desvelar esta historia y a esta persona, inconformista como suelen ser [email protected] fotógrafos excelentes. Eso interpreto yo de esa visión, esa mirada, que dice nunca consiguió captar.

    • Muchas veces, ese punto de inconformismo es el que nos empuja a seguir adelante y seguir esforzándonos… aunque a veces nos provoque más de un dolor de cabeza 😉 Gracias por tu comentario!

    • Casi cualquier imagen que tenga más de 50 años resulta sugestiva y enternecedora porque te muestra un mundo perdido que ya nunca volverá. Estas liturgias mitómanas y retrospectivas (casi) siempre son un éxito asegurado.

      • No estoy nada de acuerdo. Sí que creo que algunas imágenes antiguas adquieren un cierto valor documental, pero de ahí a qué mágicamente pasen a ser buenas fotos… eso te pasará a tí en todo caso con las del álbum familiar.

        • Yo no he dicho que el tiempo convierte automáticamente una foto en buena, he dicho que le concede un aire de misterio y solemnidad que la hace ser bendecida y aceptada, y ese aura intemporal no sólo no tiene nada que ver con la calidad de la fotografia sino que de hecho la impugna y se superpone a ella, pues la calidad siempre es algo pasajero que suele declinar con el paso del tiempo.

  6. «Y yo deseé tanto captar ese sentimiento, pero nunca lo conseguí. Fotografié un montón de caras y ojos, pero simplemente no pude capturar ese horror.»

    O mucho me equivoco o esto es la confesión de un fracaso. Si un autor no está satisfecho con su propia obra dificilmente pueden estarlo los receptores de esa obra.

    • Segunda cosa que te leo que me parece una tontería. El autor no siempre tiene el monopolio sobre cómo se va a recibir y leer su obra. En ocasiones lo importante es lo que son las imágenes en sí mismas, más allá de lo que el autor pensara de ellas. Recuerdo por ejemplo el caso de Seydou Keïta, un fotógrafo africano que pasó su vida realizando retratos en estudio. Da igual lo que él pensara sobre estas imágenes que realizó, sí las consideraba arte o no, si lo hacía con esa intención o no. En este caso, nosotros hemos recibido su obra y nos ha fascinado por lo que es en sí misma.

      Además, lo que dices tampoco tiene sentido por otra razón: no te imaginas la cantidad de grandes artistas poco conformes con su obra o excesivamente inconformistas (la búsqueda de muchos de ellos ha sido a menudo iniciada precisamente por este inconformismo). Es lo que ahora llaman también “síndrome del impostor”, gente que realiza algo extraordinariamente bien aunque ellos no son conscientes, o incluso se ven a sí mismos mucho menos capacitados de lo que están en realidad.

      Pero, por último y dejando de lado todo esto ¿cuándo tú miras esas fotos te atreves a calificarlo de “fracaso”? En ese caso, probablemente tu cultura visual es muy pobre y te recomiendo que sigas formándote. La fotografía es maravillosa y algún día podrás llegar a disfrutarla.

      Saludos.

      • Si un autor me dice que en su obra no se hallan presentes esos elementos que él pretendía transmitir, que ha sido incapaz de reflejar esos sentimientos que originan la obra me está confesando paladinamente que ha fracasado en su misión, por tanto ningún acto de fe que yo puede ejercer sobre esa obra podrá salvarla, ninguna interpretación buenista que yo haga de ella podrá solventar esas carencias y por tanto recibo esa obra como lo que es: una pretensión fallida que no alcanzó el objetivo primordial de toda obra creativa que es reflejar, no una realidad objetiva, si no la realidad subjetiva de su autor que en este caso se halla ausente pues sólo me muestra los aledaños insustanciales de la misma.

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