«Rita llegó a nuestra vida el 28 de agosto de 2013 gracias a una fundación de protección animal de Salamanca. Vimos su foto en Facebook, leímos su historia y nos hizo gracia su nombre.

Nuestra otra perra se llama Audrey y pensamos que eran dos nombres muy cinematográficos y que encajaban muy bien juntos. Además, la habían rescatado de un pueblo llamado Ledesma, que es también apellido de uno de nosotros. Esos pequeños detalles, y sus enormes orejotas, nos hicieron fijarnos en ella.

Nos decantamos en un principio por la acogida temporal, ya que teníamos miedo de que no se llevara bien con nuestra otra perra. No nos imaginábamos que el principal problema que nos toparíamos sería uno muy diferente.

Todos los perros que habíamos tenido hasta entonces los habíamos criado desde cachorros, jamás nos habíamos encontrado con la tarea de educar un animal que acarreaba tantos miedos y temores.

Tardó tres días en hacer su primer pis, y casi un mes hasta que se acercó a nosotros por propia iniciativa. Todo le provocaba pánico: los autobuses, las bolsas de plásticos, los contenedores… Pero a nosotros poco a poco empezó a perdernos el miedo.

Y entonces empezó a sufrir una gran ansiedad cada vez que nos separábamos, tanta que era incapaz de estar sola un minuto sin ponerse a ladrar.

Para que fuera superando sus miedos contratamos una educadora canina para que nos ayudara, Jamás nos habíamos enfrentado a un caso así y no sabíamos qué hacer. Todavía seguía en el período de acogida, pero en el fondo sabíamos que al final acabaríamos adoptándola. Y por fin llegó el día esperado, el 12 de junio de 2014 pasó a ser definitiva y oficialmente nuestra.

Todos los días nos sorprende con un avance nuevo, un temor menos, alguna ocurrencia. Lo cierto es que al principio no sabíamos muy bien qué hacer con ella, y ahora en cambio no sabríamos qué hacer sin ella.

En una visita rutinaria al veterinario para ponerle las vacunas le vieron unos tumores en ambas cadenas mamarias, fue un disgusto tremendo. Nos invadió el miedo a perderla, a verla sufrir. Se programó la operación para el día 4 de agosto de 2016.

Teníamos un 50% de probabilidades de que los tumores fueran benignos y nos agarramos con esperanza a ese porcentaje. Cinco días después de la operación nos llamaron del veterinario para confirmarnos que en la biopsia no se detectaban ganglios anómalos ni rastro de cáncer. Creo que jamás hemos llorado tanto de felicidad.

Rita no se merecía algo así. No después de liberarla de ese ser que fue su dueño, que la educó en el miedo y el terror. Rita se merece sólo felicidad y una vida larga y llena amoro junto a nosotros.»

Más información sobre Marcos Rodríguez en su página web y en su erfil de Instagram

10 Comentarios

  1. Me encanta la técnica y cómo has plasmado la historia de Rita. Espectacular trabajo fotográfico!
    Muy buen ojo y gran corazón, felicidades Marcos!

    David

  2. Se me saltan las lágrimas, Marcos. La primera y la penúltima fotografías me transmiten un montón: me hablan de la tristeza, de la felicidad y la alegría. Enhorabuena por el trabajo fotográfico y por rescatar a esa criatura.

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