Es uno de los referentes de la historia del fotoperiodismo. Un auténtico icono del que se ha escrito mucho pero del que a veces se olvida un pequeño detalle: Robert Capa eran en realidad dos personas. Una historia cada vez más conocida pero que siempre merece la pena recordar. Y es que el pseudónimo no era sólo de Endre Ernö Friedman (Andrei Friedmann) como tantas veces se ha contado, sino que Gerta Phohorylle (Gerda Taro) también era Capa.

Negatius (Negativos) es la obra de teatro de Sílvia Navarro que aborda la figura de Robert Capa desde esta perspectiva. En un escenario ficticio -aunque perfectamente documentado- donde los protagonistas tienen interesantes diálogos años después de la muerte de ambos. 

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© Juanjo Marín

Una Gerda Taro (el pseudónimo de Gerta Pohorylle), interpretada por Laura Riera, reivindicativa, que reclama la autoría de muchas de las obras maestras de Robert Capa, y lamenta cómo la sociedad y el mismo Andrei Friedmann la relegaron al olvido hasta hacerla desaparecer. “Nunca hable de ella en los 20 años que la sobreviví” confiesa a los espectadores Roger Vidal, el actor que interpreta a Friedmann. Tristemente fue así.

De origen judío, Gerda Taro y Andrei Friedmann, se conocieron en París donde se instalaron huyendo de los movimientos de extrema derecha que crecían en sus respectivos países, Alemania y Hungría. Empezaron a trabajar como fotoperiodistas, pero el poco dinero que ganaban con las imágenes llevó a Taro a tener la idea de inventar a Robert Capa: un joven fotógrafo norteamericano que en poco tiempo estaría en boca de todos y pseudónimo con el que firmarían las fotografías de ambos.

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© Juanjo Marín

Estuvieron cubriendo la Guerra Civil española, donde hicieron fotos tan memorables como ‘Muerte de un miliciano’, firmada como Robert Capa. Se ha hablado mucho de esa foto y su autenticidad, pero mucho menos de quién disparó la cámara. 

En esta puesta en escena, el personaje de Taro ironiza sobre que sus fotos eran mejores porque siempre se acercaba más a la acción. Puede que fuera cierto, porque murió aplastada por un tanque de guerra en la batalla de Brunete mientras Andrei Friedmann socializaba en París promocionándose como el mismísimo Robert Capa. Ella en su agonía preguntó por sus cámaras y no vivió para saber qué habían desaparecido y nunca las encontrarían. 

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© Juanjo Marín

Gerda murió y Andrei siguió con su vida como Robert Capa. Se convirtió en el hombre del momento, viajó a Estados Unidos después de crear Magnum junto a varios colegas, la agencia fotográfica más importante del mundo.

Entre sus maletas no incluyó una llena de negativos disparados por él y ella. La famosa maleta mexicana que acabó perdida y no apareció hasta siete décadas después. Siguió trabajando como reportero de guerra, bailó con actrices de Hollywood y dejó que Gerda Taro cayera en el olvido. 

“Él se quedó con las luces y ella con las sombras” sentencian entre los diálogos de esta obra de teatro que podrá verse en la Sala Flyhard de Barcelona hasta el 10 de octubre. La obra es íntegramente en catalán y es una coproducción con el Festival Grec Barcelona.