Santi Palacios gana la 24 edición del Premio Internacional Luis Valtueña

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El ganador del Premio Internacional Luis Valtueña de este insólito 2020 ha sido el fotoperiodista madrileño Santi Palacios por su reportaje “Soledades mayores”, realizado en residencias de ancianos en Catalunya durante el confinamiento debido a la pandemia. 

Palacios ha conseguido transmitir la soledad y la angustia vivida por las personas mayores en esos meses sin mostrar ni un solo detalle desagradable o morboso en toda la serie de fotografías. “Va más allá de la típica foto de prensa y nos traslada el problema estructural de desatención” explica el jurado.

Santi Palacios (España) – Ganador absoluto 2
Santi Palacios (España)- Ganador absoluto
Santi Palacios (España) – Ganador absoluto 1
Santi Palacios (España)- Ganador absoluto
Santi Palacios (España) – Ganador absoluto 3
Santi Palacios (España)- Ganador absoluto
Santi Palacios (España)- Ganador absoluto 4
Santi Palacios (España)- Ganador absoluto

Nicoló Filippo Rosso (Italia) ha sido finalista con su trabajo “Exodus” sobre la migración venezolana debida a la crisis del país. Del mismo modo que Emeke Obanor (Nigeria) que con “Heroínas” cuenta al mundo la dura historia de unas niñas que lograron escapar de un grupo terrorista en el noreste de Nigeria. 

Filippo Rosso (Italia) – Finalista
Filippo Rosso (Italia) – Finalista
Filippo Rosso (Italia) – Finalista 2
Filippo Rosso (Italia) – Finalista
Ebeke Obanor (Nigeria) – Finalista 1
Ebeke Obanor (Nigeria) – Finalista
Ebeke Obanor (Nigeria) – Finalista 3
Ebeke Obanor (Nigeria) – Finalista

También ha resultado finalista Lucien Servants (Chile) con sus fotografías en las que muestra a una decena de personas con graves lesiones oculares que resultaron heridas en las manifestaciones de protesta social en Chile. La mención especial del público fue para Sergei Stroitelev (Rusia) con su reportaje sobre el cáncer de mama en Rusia. 

Lucien Servants (Chile) – Finalista 2
Lucien Servants (Chile) – Finalista
Lucien Servants (Chile) – Finalista 1
Lucien Servants (Chile) – Finalista
Sergei Stroitelev (Rusia) – Mención especial del público
Sergei Stroitelev (Rusia) – Mención especial del público

En esta 24º edición el certamen humanitario organizado por Médicos del Mundo, en el que se rinde homenaje al fotografo y cooperante asesinado en Ruanda en 1997 y a otras dos personas en Bosnia en 1995, ha recibido 708 series de fotografías de  89 países, súmanlo un total de 6338 imágenes. El ganador recibirá 6.000 euros, una cámara Leica Q2 y un lote de libros de La Fábrica.

36 Comentarios

    • Pues no creo, estás fotografías están bien realizadas, de acuerdo al tema que tratan y hay poco espacio para la crítica, a ver si ahora va a resultar que las críticas al último premio nacional o la última adquisición Magnum va a resultar que es cosa de sabiondos y no por cuestiones más contundentes ;).

      • Vaya por delante el ánimo de debatir y no de entrar en polémicas, pero ¿qué significa ‘fotografías bien realizadas’? ¿Por qué estas fotografías sí están bien realizadas de acuerdo al tema que tratan y las del premio nacional o la última adquisición de Magnum no?. A mi no me gusta pensar que hay sólo una manera de hacer bien fotografías, ni siquiera pensar que hay una mala manera. Hay estilos, lenguajes, maneras de contar y llegar de acuerdo con la visión de cada persona, que compremos o no esa manera de contar, es otra cosa, pero siempre desde la crítica constructiva. A veces me da la impresión de que somos muy demoledores con el discurso del otro cuando no nos entra a la primera. Existe tanta variedad de miradas como personas, eso es lo que tendríamos que celebrar 😉

        • Mire yo veo cuando hay oficio, cuando hay experiencia, cuando se nota que el trabajo está realizado desde el conocimiento y las tablas independientemente de la temática…. también suelo apreciar cuando la utilización del medio fotográfico es un mero anexo en el objeto del que la utiliza, que descarga sus intenciones e ideas en una disciplina recurrida y facilona en principio, para recargar de más abalorios sus ideas. Hay mucho escritor, teórico, o artista multidisciplinar que tira de la fotografía por que es el medio que parece que más soporta cualquier cosa….caso error, por que para la mayoría con estudios y experiencia detecta las deficiencias en el conocimiento fotográfico del que presenta un trabajo, como un pintor, un músico o un albañil lo detecta en el profano en su materia.

          • Hay gente que tiene experiencia de años, sus fotos son tecnicamente perfectas, pero las ves y no aportan nada. Está bien conocer la tecnica y las reglas y todo eso, pero está aun mejor saber saltárselas cuando uno quiere.

          • Llegan tarde aquellos que a estas alturas pretendan saltarse las reglas, concretamente, llegan un siglo tarde. Ya las vanguardias históricas rompieron con todo academicismo y con la «tiranía» que imponia lo bello, lo objetivo impreso en la naturaleza. Lo bello libre no está determinado ni condicionado por el concepto (Kant) así que para salvar la soberanía del sujeto era preciso arrasar con lo bello. Aun lo feo, lo grotesco, lo mediocre y lo abyecto ya son considerados objetos artísticos de pleno derecho, por tanto la única regla que rige en la actualidad es que no hay reglas.

            Pero como no se puede subvertir lo que ya no existe, los pseudo heterodoxos están obligados a desenterrar aquellas normas que ya han sido arrasadas para justificar su ficticia labor de zapa. Así, se cumple que los mayores valedores de la tradición son aquellos que viven de transgredirla en un bucle infinito donde aun la disidencia y el convencionalismo ya han perdido todo su sentido.

        • «¿qué significa ‘fotografías bien realizadas’?» En efecto, ya casi nadie asume la pesada responsabilidad de dar cuenta cabal de qué sea un buena foto porque se ha perdido el criterio, el canon. De hecho ha desaparecido aun la capacidad de discernir y de señalar una mala foto. El límite entre lo bueno y lo malo ha desaparecido y ya no hay sino un deambular medianero entre los intersticios de lo híbrido insustancial y lo carente de sentido y significación por sí mismo. Ya todo pende del hilo retórico que imprime el autor a su obra sin nada que trascienda su decisión soberana. De igual manera que ha desaparecido el arte ha desaparecido la fotografía. Una vez agotada la realidad sólo queda el simulacro.

          De igual manera que ya no se vende arte sino artistas (yo soy mi mejor obra, decía Warhol) ya no se venden fotografías sino fotógrafos: cualquier subjetividad es igualmente válida y digna de obtener reconocimiento y aun de ser celebrada. Cuanto todo vale, nada vale nada. Esa es el destino del arte en general y de la fotografía en particular. Lo cual tampoco supone ninguna tragedia porque la fotografía jamás fue considerada una de las bellas artes.

          • supongo que cuando hablas de «criterio», te refieres al tuyo. Y cuando hablas de «canon», te refieres a códigos esteticamente aceptados. Puede que hace treinta años alguien se planteara las cuestiones que aquí nos dejas en forma de lección, pero recelar hoy de la subjetividad en la fotografía es algo superado y alarmante. Ha sido subjetiva ahora y siempre. La realidad no se agota, simplemente hemos comprendido que la fotografía está muy lejos de ella. Es más, desde hace unos años muchos fotógrafos cuestionan con sus proyectos la percepción de realidad que clásicamente se ha otorgado al medio. Sin ir más lejos, Fontcuberta lleva desde mediados de los ochenta con un discurso en esa dirección (y ya ampliamente aceptado, por suerte). La inclusión, cada vez más frecuente, de un cuerpo teórico que acompañe y justfique el proyecto meramente fotográfico va en esa línea. Y me parece acertado y necesario. Te recomiendo, para terminar, un proyecto titulado «TROPHY CAMERA V0.9» de Max Pinckers. Te va a encantar.

          • La fotografía no siempre ha sido expresión subjetiva de un autor más o menos insignificante. Hubo un tiempo en que tuvo la pretensión, y consiguió con las limitadas capacidades de las que disponía, de ser Arte con mayúsculas, es decir: contemplación intuitiva y pura de la Verdad, la Belleza y el Bien, más allá de lo racional, pues ya sabemos que lo racional es limitado e incapaz de aprehender la totalidad de lo real. Negar esto es desmerecer la relevancia histórica de la disciplina.

            Es de esa etapa mítica nunca superada por el logos postmoderno de donde la fotografía obtiene su prestigio y su relevancia. Cuando se impone la soberanía y el criterio parcial y ralo del Autor es cuando la fotografia, como el arte en general, culmina su decadencia. La fotografía es tributaria y siempre lo será de esa metafísica que le otorga su verdadera significancia y de cuyos réditos aun sigue viviendo, incluso cuando pretende haberla superado. Pero como ya dijo Heidegger: de la metafísica es imposible escapar

          • La adscripción de la fotografia como disciplina (pseudo)artística es algo muy tardío y responde a la necesidad de dar lustre clásico a una disciplina popular, ampliando así el ámbito de influencia (negotium) de expertos, críticos y comisarios políticos del arte en general. Ahora andan enfrascados tratando de dilucidar cuál puede ser la décima de las bellas artes y no acaban de decidirse entre la perfumería, la gastronomía, los videojuegos, etc. Es decir: el Chanel número 5, la tortilla de patatas poco cuajada o las aventuras de Mario Bros a la misma altura que Las Meninas o la Pasión según San Mateo. Son las ocurrencias en las que puede degenerar la Democracia del Arte!

  1. Bastante acertado, aunque creo que siempre caes en el mismo problema y es dar protagonismo o importancia a la estructura que antes soportaba al arte o la fotografía y a partir de ahí desarrollar toda tu tesis. Ahí ya hace muchos años que no vas a encontrar nada y terminará provocando esa sensación que trasmites. Mira, arte y buena fotografía hay, quizá no viene con el aval de antaño, quizá no tenga aval, quizá su realizador ni si quiera opere en grandes redes de internet ni aparezca en el circuito internacional, o en ocasiones sí, pero si de verdad tienes criterio, lo encontrarás muy a menudo… solo hay que buscar y no me pidas ejemplos, por que entonces quizá nos encontraremos en la triste tarea, que para seguir posicionando argumentos, terminemos convirtiendo todo el un lodazal.

  2. La fotografía y las témporas. Un día Arte con mayúsculas y al otro disciplina (pseudo) artística. Lo cierto es que importa poco: simplemente un bocado de luz y tiempo. Que unas veces de mortadela, incluso con aceitunas, o pernil siete jotas, las menos.

  3. Estoy dándole vueltas a la captura de Sergei Stroitelev (Rusia) – Mención especial del público. Por alguna razón que cada vez que reflexiono sobre ella se me hace más evidente, esta postfotografía me interesa y me espanta a partes iguales. Al contrario que los sujetos del ojo averiado cuya pose parece reivindicar su trauma para obtener la atención y la misericordia por parte del espectador, la fémina con un pecho amputado y el otro atrofiado es, o parece ser indiferente al ojo clínico de la cámara y se aproxima asintóticamente a lo que Barthes caracterizaba como el punctum, como aquello traumático no codificado que el lenguaje es incapaz de significar pues sólo la fotografía, con su asepsia forense, puede representar.

    Sin embargo la postproducción de la catástrofe por parte del autor lo arruina todo. Esa clave alta parece empeñada en lavar con suavizante mimosin la suciedad de una situación emocional que debe ser controlada para que el espectador no entre en pánico. Con lo cual la catástrofe es doble: por un lado la amputada y por otro la pretensión del autor de dejar su impronta, su sello personal para dejar constancia de su compromiso y su solidaridad con la afectada. Esto podría ser un ejemplo de cómo se arruina una buena fotografía convirtiéndola en una postfotografía; a saber: una captura donde el autor pretende tener más protagonismo que la realidad representada.

    No es extraño que esta captura haya sido premiada por el público, por la gente a la que le es indiferente lo que le venden con tal de que le proporcione una experiencia conmovedora aunque falaz.

    • La voluntad de estilo frecuentemente, o siempre, anula la posibilidad de talento. En todo caso, un estilo promulgado sólo es importante si es decantación del talento adquirido. En el caso que apuntas a mi me resulta más problemática la pretensión inicial de como entablar el relato, la suavización espuria técnica que domina el resultado de toda la serie desde antes del inicio para determinar la experiencia conmovedora, que más errónea que falaz. Si el tratamiento, postproducido o iluminado, hubiera sido para endurecer en vez de suavizar me daría el mismo punto porque me parece más digna de studium. Rebuscando quizá lo único que me perturbe un poco es el tatuaje en el brazo derecho.

      • En fotografia el único «talento» que se necesita para ejercer de autor consiste en olvidarse, y en hacer olvidar a los demás las influencias en las que uno se «inspira». Cuando se consigue que al espectador le pasen desapercibidos esos referentes hipernutricios que le significan, ya podemos inferir que el autor tiene estilo propio.

        A partir de esta pretensión de blanquear, dignificar y aun divinizar lo terrible y lo escatológico podríamos considerar que un Joel-Peter Witkin tiene estilo propio? Podría ser, pero cuando rascamos en su speech y vemos que esta configurado por un mix inconexo de iconografía religiosa, gore, porno y fotografía forense empezamos a considerar que el «estilo propio», más que un argumento racional, es una quimera que en el mejor de los casos sólo sirve para aplacar lesiones emocionales de la infancia. Cuando el trauma se estetiza de esa manera tan sobreactuada ya no estamos en presencia de una fotografia sino de algo muy distinto; posiblemente un pastiche.

  4. «Cuanto más de verdad habría en David Nebreda…» Verdad, qué verdad ni qué niño muerto? Señores, desengañense, la fotografía sólo ofrece una opinión subjetiva de la realidad.

    • Desde Parménides la opinión, la doxa sólo ofrece un conocimiento apariencial, engañoso, por contra la aletheia es desvelamiento de lo evidente, del ser, de lo verdadero. Así, nosotros le otorgábamos trascendencia a una foto en la medida en que nos comunicaba una verdad, no una opinión. Nos hallábamos interpelados y vinculados por lo real, no por lo ficticio. Si una foto sólo transmite la perspectiva subjetiva del autor ya no tenemos ninguna obligación ni ningún compromiso moral con los hechos. En realidad, ya no hay hechos, solo interpretaciones, nos ha enseñado Nietzsche.

      «La realidad no se agota, simplemente hemos comprendido que la fotografía está muy lejos de ella», nos sermoneaba pomposamente el otro día un conforero. Pues bien, si la fotografía es incapaz de dar cuenta de la realidad y no está comprometida con ella, por qué habríamos de estarlo nosotros, cuya percepción del mundo también está limitada por nuestras opiniones subjetivas y engañosas, y no por lo Real cuya Verdad nos es inaccesible?

      Ninguna adversidad nos conmueve ya, ninguna credibilidad concedemos, por ejemplo, al esforzado trabajo de esos cruzados pertrechados con un ordenador con objetivo colgado del cuello que, tras el parapeto de su demagogia y sus buenas intenciones, pretenden salvar al mundo trayéndonos a nuestra pantalla la miseria y los conflictos que lo asolan. Hasta qué punto no habrá llegado nuestro desengaño que aun hemos dejado de hacer donativos vía PayPal a fotografossinfronteras.org. Ninguna miseria nos hermana ya con los miserables. Por qué habríamos de solidarizarnos con los parias de este mundo cuando la limitada y subjetiva percepción fotográfica no nos asegura que en verdad lo sean?

      Desde que el capataz de obra al mando de la brigada de deconstrucción del edificio iconográfico (Foncu para los amigos) nos ha adoctrinado respecto de que toda fotografía es un fraude nuestro desasosiego ha mermado hasta desaparecer. Ahora cuando vemos imágenes de conflictos armados, de hambrunas, de pandemias y de todo tipo de adversidades apocalípticas no nos creemos nada, más bien tenemos la percepción de estar viendo una intro de la última versión del Call Of Duty. Al final todo se reduce a un algoritmo virtual, apariencial, subjetivo y mentiroso de ceros y unos, lo cual es un consuelo. Qué gran peso nos hemos quitado de encima, hasta nuestro bolsillo nos lo agradece !

      • Entre bestiarios y herbolarios jurásicos y viajes espaciales, Foncuvertovich nos abduce en la nave de su misterio postfotográfico por tres motivos fundamentales: esconder sus pecados de jovezno baby Yoda practiando voyeurismos sobre viejos verdes en Bagdag, lubricar el postnegocio deconstructivo fundacional y palear con desparpajo intelectual el esforzado afán fotonumérico binario de las democratizadas tribus pixelianas.

        • Los Tovarich, si por algo se han caracterizado de toda la vida de Dios es por no tener ni puta idea de cómo funciona el mercado y la economía en general, y el negocio de voladuras y demoliciones (des)controladas de este cejijunto está condenado a llevárselo a él por delante. La «furia de las imágenes» ya muestra claros síntomas de agotamiento y el estudio de resistencia de materiales augura catástrofe en breve. De igual manera que el mal se autodestruye a sí mismo, la deconstrucción fotográfica esta llamada a putrefactar sus propios cimientos. (La social y política durará aún un tiempo más). De hecho Salgado ya ha vaticinado que no durará más de dos décadas, un pronóstico desde mi punto de vista muy optimista. Ante el espectáculo circense que se nos avecina y el renacimiento de un neorrealismo que se adivina en el horizonte, ya hemos sacado asiento de primera fila aprovisionandonos de una tonelada de palomitas y varios hectólitros de mecca cola con vodka.

          • El mercado es una mera entelequia pandémica para que la mano invisible del diablo construya dioses donde buscar amparo cayetano para ver si nos convertimos en borjamaris de verdad sin miedo a la deuda.

            Tovarich Benjamin, tio Walter, ya pronosticó en su día casi hace un siglo que el aura decaería precisamente por el inconsciente óptico imbuido dentro de la reproductibilidad técnica del aparato fotocinematográfico. Acojonarse ahora por el calambre del pixel, no sé yo. Casi sigo con el kalimotxo crianza.

          • El mercado es una mera «entelequia», es decir: un fin en sí mismo (Aristóteles) que tiene por loable propósito la supervivencia de un sistema que es el más eficiente a la hora de asignar recursos entre el común. Completamente de acuerdo! Y allí donde está ausente esa finalidad (pongamos por caso el de Venezuela) impera el lloro y el rechinar de dientes bíblico con una hiperinflacion que alcanza el 3.000%. Podríamos pensar que en la actualidad un bolivar vale lo mismo que una foto, es decir: nada. Relacionar la hiperinflacíon de una república bananera con la hiperinflación iconográfica es un gran acierto por tu parte: te felicito! Ni siquiera la desaparición del aura Benjaminiana podría haberse hecho cargo de semejante catástrofe financiera.

    • No te creas que eso de «opinión subjetiva de la realidad.» es una verdad tan objetiva. Otra cosa es que la relidad pueda tener diversos puntos de vista. El niño africano disparado por Kevin Carter con el que ganó el pulitzer ni murió en aquel momento ni se lo zampó el buitre.

  5. Hala molleja, Venezuela. Se podría discutir sobre la aristotelidad de asunto, pero tiraba más por la que casi seguro va a ser la primera acepción. Hiperinflaccionada y aun así dirigiendo el mercado de tangar elecciones en el mundo libre, quizá por esa gracia caribeña de tener tres presidentes, el de hecho, el encargado y el exiliado en la movida madrileña. Me viene a la cabeza capitolio de Cristopher Anderson y los retratos closer más closer de Gilden en lo profundo del sueño americano.

    • Cada vez que alguien desentierra la movida se me aparece como por ensalmo el rostro cadavérico y patibulario de García-Alix, efigie mortuoria y politoxicómana que va paseando por lo saraos donde tienen a bien acordarse de él. En general los yonkarras me producen bastante grima, pero por éste siento especial penica porque tuvo el mal gusto de no morir joven y dejar un bonito cadáver. El que ha sobrevido a aquella fiesta de pijamas pijiprogres ahora se ve obligado a multiculturizarse, y no sé yo qué será peor. Aquí a la polioperada toa-roja sólo le falta salir al escenario enfundada en un hiyab.

    • Cada vez que alguien desentierra la movida se me aparece como por ensalmo el rostro cadavérico y patibulario de García-Alix, efigie mortuoria y politoxicómana que va paseando por lo saraos donde tienen a bien acordarse de él. En general los yonkarras me producen bastante grima, pero por éste siento especial penica porque tuvo el mal gusto de no morir joven y dejar un bonito cadáver. El que ha sobrevivido a aquella fiesta de pijamas pijiprogres ahora se ve obligado a multiculturizarse, y no sé yo qué será peor. Aquí a la polioperada toa-roja sólo le falta salir al escenario enfundada en un hiyab.

      • Yo cero Agus, que por mucho que insistas en tus argumentos, no calan, ni aunque los respaldes con un montón de gente que nadie lee desde hace años. A los fotógrafos les gusta hacer fotografías y hablar de fotografía, si. Teóricos siempre han habido, pero pocas veces han tenido el respaldo de los que «practican» más que «teorizan» entre otras cosas por que les mueve impulsos y necesidades muy diferentes.

        Cuando todos estos debates llegan a la fotografía, lo más probable es que el que los incita termine hablando con la escoba.

        Menos cháchara y más bailar.

        https://youtu.be/a4jMrOkVzzs

        • No sé yo si tu propuesta de convertir PHOTOLARI en una discoteca para bailar regetón va a calar entre la Administración de esta santa casa. Aquí son muy serios con estas cosas y como sigas por ese camino igual te dan el pasaporte. No sé, tú verás… luego no digas que no se te ha advertido.

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