La popularidad de las cámaras de Sony en los últimos años no es ningún secreto. Cómodamente instalada en el segundo puesto de ventas globales y con amagos de adelantar a Canon en algunos segmentos concretos, lo que igual es menos conocido es que el verdadero negocio de la compañía es la fabricación de sensores de imagen. O, al menos, uno de los más rentables.

No sólo muchas cámaras de otras marcas utilizan CMOS que salen de las fábricas de Sony -empezando por la reciente Z6 III, según se rumorea- sino que la mayoría de smartphones de gama alta integran captores desarrollados por Sony.

En 2017 pudimos visitar la fábrica de sensores de Sony en Kumamoto, Japón.

Mientras los Sony Xperia no pasan por su mejor momento de popularidad y hay desde hace tiempo especulaciones sobre su salida del mercado de telefonía, Sony Semiconductor Solutions Corporation crece sin parar. Tanto que el objetivo que se ha marcado la compañía es controlar el 60% del mercado global en este segmento.

Un crecimiento de más del 10% en apenas tres años que, como recuerdan desde Petapixel, supone mucho dinero en un mercado tan grande con un valor estimado en unos 23.000 millones de dólares.

Más allá de las cifras, las previsiones de Sony dejan claro que el foco está puesto sobre todo en los smartphones. Y es que, mientras el global shutter de la A9 III se lleva los titulares, parece que el negocio real está en otra parte.

Concretamente en la apuesta por los sensores de mayor tamaño, un área que Sony domina perfectamente y que se ha ido abriendo camino en los teléfonos, con cada vez más modelos apostando por CMOS de tipo 1 pulgada. Algo que, paralelamente al avance de la IA en los procesadores de los smartphones, marcará según Sony el futuro a corto plazo de la fotografía móvil.

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