En busca del mejor bokeh: Sony 100 mm f2.8 STF y 85 mm f1.8 FE

Nos escapamos a la campiña inglesa para probar los nuevos objetivos de Sony para sus A7.

5

Bokeh es la palabra mágica. Uno de los argumentos clásicos de quienes apuestan por cámaras de formato completo y ópticas muy luminosas y que Sony parece dispuesta a explotar al máximo. Sus dos últimas ópticas FE para las A7 ponen precisamente el acento en este punto. Desde un punto de vista más modesta y asequible en el caso del 85 mm f1.8 y con todo el arsenal el 100 mm f2.8 STF OSS de la gama GM.

Presentados hace sólo unos días, ya hemos tenido la ocasión de probarlos y comprobar si ese desenfoque es tan espectacular como para justifica –en el caso del 100 milímetros- un precio cercano a los 2000 euros.

Apodificado

El nuevo 100 mm f2.28 STF es un bicho raro. Hay que dejarlo claro desde el principio porque sólo desde esta perspectiva se puente entender la filosofía, precio y usos de una óptica muy particular. ¿Qué tiene de especial? Ni su focal ni su luminosidad, sino el uso de una lente apodificada que se encarga, precisamente, de obtener lo que Sony considera uno de los mejores bokeh del mercado.

Heredero del 135 mm f2.8 de Sony con montura A y enfoque manual, en este caso se ha conseguido una óptica con enfoque automático y estabilizador de imagen. Dos primeras pistas para entender el precio. Una más: su diafragma de 11 palas tampoco es algo habitual.

La teoría asegura que el uso de esta lente especial –que recuerda a un filtro ND degradado que se oscurece en sus esquinas- permite que el desenfoque sea mucho más suave. Para entendernos, el fondo se difumina de una forma más natural y toda la atención se centra en el plano enfocado.

DSC00074

Todas las fotos están hechas con una Sony A7R II. Como siempre, haciendo clic en las imágenes de accede a la galería a máxima resolución. Los RAW de las imágenes se pueden descargar desde aquí.

DSC00095

DSC09556

A cambio, este tipo de ópticas tienen un pequeño truco: la pérdida de luz. Así que en realidad ese f2.8 se convierte en un T5.6, que es el sistema de medida que se usa en las ópticas para cine y que considera la luminosidad de transmisión real, no teórica.

¿Casi 2000 euros por un 100 mm con una apertura de 5,6? Por eso decíamos que se trata de una óptica muy especial, reservada para aquellos dispuestos a pagar por tener un bokeh sencillamente espectacular. Retrato, fotografía de producto, vídeo…

DSC09565

DSC00090

DSC09606

Los resultados son realmente excelentes, como puede verse en las muestras realizadas durante una rápida excursión a la campiña inglesa –con su castillo y todo- para probarlos. Nos gusta el nivel de detalle (hablamos de una óptica de la gama GM) y esa sensación de tridemensionalidad que produce un desenfoque de este tipo.

DSC09597

No nos convence tanto ni el peso y volumen de la óptica, ni la luminosidad que obliga a bajar velocidad o subir sensibilidad ni el sistema de enfoque automático al que le falta algo de agilidad. Son los peajes a pagar por tener una óptica diferente.

85 mm para todos los bolsillos

¿Pero se nota la diferencia respecto a una óptica convencional? La teoría asegura que sí. La práctica ya queda en manos de la opinión de cada usuario y su capacidad para distinguir entre lo bueno y lo excelente. ¿Todo el mundo quiere pagar por un vino excelente si hay una opción más que correcta a buen precio? La respuesta es evidente.

Eso es justo lo que pensábamos con el nuevo 85 mm f1.8 FE entre manos. Ni GM, ni apodificación, ni estabilizador… Una óptica sencilla, relativamente compacta y a un precio muy ajustado de unos 650 euros. Sony necesita objetivos así para que apostar por sus A7 no signifique después tener que pagar sí o sí una pequeña fortuna en ópticas.

DSC00052

Todas las fotos están hechas con una Sony A7R II. Como siempre, haciendo clic en las imágenes de accede a la galería a máxima resolución. Los RAW de las imágenes se pueden descargar desde aquí.

DSC09574

Lupa en mano las diferencias son evidentes. El 85 milímetros cumple, pero vemos por ahí alguna aberración cromática y en el nivel de detalle –estamos hablando del 100% con un sensor de más de 40 megapíxeles- tampoco es el mismo. ¡Estaría bueno vista la diferencia de precio!

DSC00024

DSC00002

¿Y el bokeh? Cuestión de exigencias o nivel de sibaritismo. Lo que vemos nos parece más que correcto para una óptica de este precio, montada además en una de las cámaras más exigentes del mercado en cuanto a calidad óptica.

No será el mejor desenfoque del mundo, claro. Pero es que no todo el mundo lo quiere o lo necesita. O, mejor dicho, está dispuesto a pagar lo que al parecer cuesta.

5 Comentarios

  1. Va quedando claro que Sony busca un segmento exclusivamente profesional con estas ópticas “especiales”. Para el resto de los mortales tienen otras con aperturas más discretas al mismo precio que las canikon con mayores aperturas. No es oro todo lo que reluce.

  2. Creo que se llama bokeh a lo que ocurre en la zona desenfocada, zorrocotroquillos, burbujas, roscos, difuminados con más o menos transición, gambusinos siderales, rayajos, pincelazos, colorines, borrones, círculos, pentágonos y todo lo que quieras ver.

    No creo que ningún fabricante se haya preocupado ni se preocupe del bokeh en sus diseños, Lo único que he visto en este sentido ha sido la incorporación de un filtro apodizador (remedio viejo y cuestionable que puede ponerse de moda) en un par de lentes o tres, además de delirantes revivals por parte de alguna marca como Meyer.

    El bokeh no tiene calidad, es un subproducto de leyes físicas, un efecto colateral, el residuo de determinado diseño, cristal, longitud focal, abertura y el orden dispuesto en otros elementos que componen la foto. ¿De verdad pensáis, por ejemplo, que cuando Zeiss diseñó el OTUS 55/1.4 pensaba si el bokeh quedaría bonito o feo cuando cada uno tiene una opinión diferente sobre el asunto? Unos quieren desenfoques gausianos, otros remolinos, otros estrellitas…

    Creo que no, creo que los fabricantes se dedican a conseguir la máxima calidad en la zona enfocada, distorsiones controladas, transmisión, color, aberraciones, contraste… demasiados problemas para dedicarse a los gambusinos. Sí, hacen alguna concesión tal como redondear las palas del diafragma en algún caso y nada más.

    El filtro apodizador es solución vieja que no soluciona nada, un típico argumento de venta cuando se han acabado los demás argumentos, mejor usa un difusor externo con el centro recortado… que tampoco solucionará nada.

    • Hola,
      El bokeh o la zona de desenfoque sí que es uno de los grandes quebraderos de cabeza de las ópticas, especialmente si se trata de crear segundas versiones. Con esto me refiero al caso de los normales 50. Debido a que se ha estandarizado la apertura 1.4, los nuevos diseños abandonan el doble gauss para probar con productos especialmente sofisticados para mejorar precisamente la transición de foco, que es lo que es realmente el bokeh. En especial, los resultados que aparecen muchas veces de “anillos de cebolla” o picos de luces con formas raras.

      Los ejemplos son desde la sofisticación de la fórmula óptica del Sigma Art 50-1.4, hasta el desarrollo del Pentax DA* 55 1.4 frente a sus anteriores, los FA 50 1.4. Se introducen elementos de óptica muy sofisticada específicamente para el mercado de los desenfoques [que parece que no hay blog sin desenfoque].

      Conseguir la máxima calidad en la zona enfocada es algo también muy relativo. Las ópticas de diseño alemán [Leitz y Zeiss, principalmente] tienen como caracterítica enfatizar el microcontraste. Hay otras compañías ópticas como Komine, Tokina, Pentax y Nikon que enfatizan la nitidez como legibilidad de líneas por pulgada.

      Este tipo de ópticas [apodizadas, o no, con efecto] no son nuevas. De hecho, problablemente éste sea una “herencia” Minolta.

      Otras cosas raras son, por ejemplo, el Pentax 85 2.2 Soft, que produce imágenes veladas y suaves, pero muy nítidas.

Dejar respuesta