“Marineros, soldados, solteros, casados. Amantes, andantes y alguno que otro
cura despistao. Entre gritos y pitos los españolitos, enormes, bajitos hacemos por una vez, algo a la vez.”

Este entrecomillado no es propio, desde luego. Pertenece a la canción ‘Un año más’, de Mecano, lanzada en 1988, y casi un himno de cada 31 de diciembre. Por un momento, una vez al año, todos los españoles -excúsenme canarios- hacíamos algo a la vez: tomar las uvas durante las campanadas que marcaban el final de un año y el comienzo del siguiente.

En 2020 seria falso decir que todos los españoles hicimos algo a la vez. Pero sin duda entre los fotógrafos, especialmente los fotoperiodistas, si que hubo un único tema, la COVID19.

«Es probablemente la primera vez desde la Guerra Civil que todos estemos cubriendo la misma información», me dijo por teléfono Daniel Ochoa de Olza cuando me invitó a sumarme al proyecto del Archivo Covid.

Una fototeca digital que desde hace pocos días es una realidad gracias al empeño de unos pocos, a la colaboración de muchos -Fujifilm entre ellos, por cierto- y al abrigo de la Universidad de Alcalá, que custodiar áun legado de valor histórico e intelectual incalculable.

Siendo sincero, tuve mis dudas. No porque la empresa no mereciera mi bendición, que la tuvo desde el minuto uno -si es que eso era remotamente necesario- sino por el tremendo esfuerzo que requería movilizar a uno de los colectivos más individualistas y ególatras de la esfera cultural y periodística.

Reunir a todo aquel fotógrafo y fotógrafa que hubiera documentado la pandemia sin importar su nombre, medio de comunicación o condición laboral, se me antojaba complicado y preveía una riada de quejas infantiles tipo «fulanito tiene diez fotos y yo dos».

Y para ser sincero, desconozco si esas quejas se han producido o no. Lo único que sé es que mi entorno profesional se ha volcado con la causa, cediendo sus mejores imágenes sin pedir nada a cambio.

Del mismo modo, muchos medios de comunicación, dueños últimos de muchas de estas imágenes, no han puesto traba alguna a la cesión de un material que, en ocasiones, tiene un valor monetario muy elevado.

Por eso, cuando hace pocos días Santi Palacios, autentico artificie e instigador (en el mejor de los sentidos) de este archivo, descubrió el proyecto terminado no pude sentir no solo un fortísimo soplo de satisfacción, sino también una bocanada de alivio al ver que, mas allá de nuestras diferencias, los fotoperiodistas habíamos encontrado el hilo conductor que, por una vez, nos puso a todos de acuerdo.

Hoy, probablemente, no somos conscientes del tremendo valor que tiene el Archivo Covid. Estamos saturados de noticias del coronavirus, fatiga pandémica le llaman.

Pero dentro de algún tiempo tendremos que explicarles a nuestros hijos que durante un año lo pasamos realmente mal. Que perdimos a muchos seres queridos y que mucha gente descubrió como de un día para otro se hacían añicos sus proyectos vitales, sus carreras o sus negocios.

Y es que dejando, al margen el tremendo esfuerzo de los fotoperiodistas y sus respectivos equipos (los que hemos tenido la suerte de tenerlo), el Archivo Covid equipara imágenes, independientemente del medio en el que hayan sido publicadas.

Sin importar como de estrella es su autor o cuanto influyó en su viralización que un tuitstar le diese un me gusta. Aquí, como dice la canción, solteros, casados, enormes y bajitos estamos al mismo nivel.

Y esa tabla rasa hecha con la fama o el nombre de los fotógrafos ha permitido descubrir, si es que alguien aún no lo sabía, que en España tenemos unos excelentes fotoperiodistas trabajando.

Profesionales que se han dejado la salud -tristemente de forma literal, en ocasiones- para ser lo que siempre se supuso que debíamos ser: los ojos del pueblo.

Especialmente cuando se quería ocultar lo mas crudo de la crisis porque, ya se sabe, la noticia es precisamente lo que el poderoso no quiere que veas, el resto es propaganda.


Foto de portada: Unai Beroiz

Si quieres saber más sobre el trabajo de los fotoperiodistas durante los primeros meses de la pandemia en Photolari publicamos una serie de vídeos sobre el tema. Puedes verlos aquí.

15 Comentarios

  1. Que un colectivo X se perciba a sí mismo como una especie de casta sacerdotal y vicarial encargada de llevar la Verdad al Pueblo porque éste por sus propios medios es incapaz de acceder a ella es una visión de la realidad que tiene tanto de pintoresca como de anacrónica, entre otras cosas porque la postmodernidad ya ha superado ampliamente las nociones de «Pueblo» y de «Verdad» y las ha desechado como inservibles a la hora de aprehender la complejidad de lo real. El que escribe este artículo con ese ardor guerrero se ve que aún no ha leído a Fontcuberta o no ha caído en cuenta de que toda fotografía es mentira, y cuando digo toda, es TODA.

    • Supongo que «el pueblo» pudo acceder por sus propios medios al interior del Palacio de Cristal para acceder, valga la redundancia, a una visión de la realidad que acontecía ahí dentro, y difundirla (a los fotoperiodistas no nos dejaron). Y a los hospitales y UCI, porque recuerdo a una parte de ese «pueblo» negando la mayor porque no se «veía» nada, ergo no podía haber nada… si no se ve, no existe, pero si se ve, es mentira, ¿entonces?

      Me da la sensación de que te has quedado en la literalidad de las palabras de Fontcuberta y no has entendido o querido entender lo que quiso decir. Está bien que cuestionemos la autenticidad y veracidad de lo que vemos, pero llevarlo al extremo de convencernos de manera absoluta de que todo es mentira nos lleva también a cuestionar la realidad de nuestra propia existencia.

      • Se ve que que tú tampoco has leído con provecho a Fontcuberta, en el supuesto caso de que lo hayas leído. La fotografía no cuestiona la existencia sino la esencia, el significado, el sentido, la connotación subjetiva de la realidad, y por tanto desmiente a la casta encargada, cámara mediante, de desentrañar ese sentido por una cuestión meramente corporativa y de auto supervivencia de un gremio en vías de extinción que no encuentra otro modo de justificarse que el de ser heraldo de una Verdad que ya ha periclitado.

    • No entiendo su falta de respeto hacia todos los que ha colaborado en este Proyecto. Es fotografía real hecha por fotógrafos reales que pisan calle y no se disipan en teorizaciones banales.
      El Archivo Covid es una inmensa y generosa obra a disposición de todos

      • Real? Y qué es real? Repara en que para el 22.9% de la población española el covid es una ficción, de manera que para ese porcentaje, que es tan real como el 77,1 restante, la realidad de este gran archivo fotográfico (que merece vuestros elogios más encomiásticos) tiene la misma fiabilidad que un cómic de Ibáñez.

  2. Necesaria e impresionante iniciativa con mucho, muchísimo trabajo detrás para que viera la luz. Esperemos que en el futuro esto lo pueda hacer o falicitar un Centro de Fotografía e Imágen, que ya toca.

  3. La verdad desde que la oí me pareció una buena iniciativa bastante interesante aunque pienso que sería aún mejor si pudiesen participar en ella personas ajenas profesionalmente al colectivo pero que hubiesen retratado la COVID-19 también de la misma forma.

    En cualquier caso, me alegro que haya salido adelante pese al escepticismo.

  4. Arco, no es «pildorita», se llama libertad de expresión, como la que tú ejerces con tu comentario despectivo.

  5. «para ser lo que siempre se supuso que debíamos ser: los ojos del pueblo.

    Especialmente cuando se quería ocultar lo mas crudo de la crisis porque, ya se sabe, la noticia es precisamente lo que el poderoso no quiere que veas, el resto es propaganda.»

    Los artículos de este señor siempre llevan incorporada la correspondiente píldorita ideológica. Me pregunto si este es un medio de divulgación fotográfica o de propaganda política….

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