Canon EOS R10, ¿la APS-C más competitiva del momento?

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El escaparate de Canon es últimamente una montaña rusa y mientras construye su gama de cámaras sin espejo, la mayoría necesita un mapa para no perderse. Hace poco estrenábamos la R8 de formato completo, pero hoy toca bajar un peldaño para probar la R10, la sin espejo APS-C más sencilla del sistema EOS R.

Al menos lo era hasta que se anunció la EOS R50 que se ha quedado con el puesto de modelo de entrada del sistema. De las EOS R, claro, porque si hablamos de las EOS-M…

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Para situarnos, podemos recurrir a eso de compararla con su equivalente de la época réflex, aunque cuesta saber con seguridad si estamos ante una Eos 850D sin espejo o más bien se trata de una EOS 77D. En cualquier caso, una APS-C pequeña y no muy cara pero con ciertas aspiraciones.

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Para la prueba hemos utilizado el nuevo 18-150 mm f3.5-6.3, un amplísimo zoom APS-C dentro de la por ahora escasa oferta de Canon y que encaja muy bien con la filosofía de este cuerpo de cámara.

Diseño EOS R

Muy pequeña y ligera, la verdad es que Canon parece haber encontrado ya una buena línea de diseño para todas sus sin espejo, más allá de gamas y categorías. De ahí es que esta R10 mantenga el agarre excepcional visto en gamas superiores.

También la pantalla articulada, un visor electrónico que sin ser el mejor de su clase cumple bien, y suficientes opciones de personalización de los mandos.

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Que tenga joystick y la EOS R8 es algo que, la verdad, llama mucho la atención y seguramente enfade a más de uno. Pero aquí se agradece mucho.

Menos gracia nos hace el sistema de bloqueo con botón dedicado al que cuesta acostumbrarse. Y que, por cierto, tiene por ahora la función fijada, así que hasta que un firmware lo arregle no le podemos asignar otra tarea.

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La ranura para la tarjeta de memoria está en el mismo compartimento de la batería. Un detalle que nunca nos gusta pero que toca asumir en esta gama. En la lista de pegas, también esa diminuta batería y su escasa autonomía, que rondará los 400 disparos si no usamos apenas el vídeo.

24 megapíxeles sin estabilizar

La Canon R10 utiliza un sensor de 24 megaíxeles que, por cierto, a simple vista tras retirar la óptica, parece especialmente pequeño visto el tamaño de la montura. En cualquier caso, es APS-C, pero no nos queda claro si se trata de un captor nuevo o del mismo de estas dimensiones y resolución ya visto en anteriores modelos de Canon.

Canon EOS R10 – 03En cualquier caso, lo que interesa es ver sus resultados. Y en ese sentido no tenemos queja, con imágenes que muestran un buen nivel de detalle, colores muy agradables y un rango dinámico también dentro de los estándares de esta gama.

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De hecho, esa idea de resultados estándar -en el buen sentido- es un buen resumen para hablar de la calidad de una cámara que cumple con lo esperado en su segmento. Eso sí, a diferencia de la R7 aquí no contamos con estabilizador en el cuerpo, aunque es verdad que el citado zoom 18-150 mm sí cuenta con estabilización óptica.

Muy rápida

Pero si hay un apartado en el que la R10 destaca es en el enfoque y la velocidad de disparo. Para una cámara con un precio de unos 1000 euros, claro. Y es que, como nos ha ocurrido con las últimas sin espejo de Canon, da la sensación de que el magnífico enfoque automático visto en la R3 ha encontrado su camino en modelos mucho más sencillos y económico.

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En el vídeo podéis verla en acción, combinando el enfoque continuo con las ráfagas de hasta 15 fotos por segundo con obturador mecánico. Si disparamos en JPEG no hay problema, pero es verdad que si la idea es trabajar en RAW esa velocidad máxima tiene un poco de trampa, porque el buffer limita el disparo a 30 archivos RAW, lo que significa que en realidad sólo podríamos disparar durante dos segundos.

No estamos diciendo, evidentemente, que el enfoque sea el de la EOS R3. Pero el salto dado por Canon en cuanto al enfoque respecto a lo visto en las primeras R y que ahora también está disponible en modelos tan sencillos como es, sin duda, un gran punto a su favor.

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¿Es perfecto? La verdad es que no y, de hecho, hay cierta tendencia a mandar el foco al fondo de la escena en modo de seguimiento que puede ser un problema en alguna escena con acción.

En cuanto a la grabación en vídeo, la ausencia de estabilizador no es la única diferencia con su hermana mayor, la R7. Es capaz de grabar a 4K (24, 25 y 30 a 8 bits y 4:2:0) con un enfoque solvente, pero la grabación 4K 60p implica un recorte de 1,6x. Hay entrada para micrófonos, pero desaparece la toma de auriculares que sí ofrece el modelo superior.

La Canon EOS R10 frente a la competencia

Con un precio de 1100 euros con el zoom 15-45 milímetros y de 1400 euros con el 18-150 mm que hemos usado nosotros, la EOS R10 es una excelente opción dentro de esta cámara de cámaras con sensor APS-C, tanto en calidad de imagen como en prestaciones y diseño.

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De hecho, la calidad es muy similar a la que ofrecen sus principales competidores con lo que sería complicado usar sólo ese criterio para decidir si es mejor o peor opción que la Nikon Z50, la Sony A6400 o la Fujifilm X-S10.

La ergonomía encantará a quienes vienen de réflex, aunque también la Nikon y la Fujifilm tienen bien resuelto este tema. A favor de la Canon estaría el enfoque automático y el disparo en ráfaga frente a estas dos opciones y la A6400, pero es verdad que la X-S10 ofrece estabilizador en el cuerpo.

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En definitiva, una APS-C de gama media muy competitiva, que se impone a la competencia en algunos aspectos pero que se ve lastrada por la falta de estabilizador y la autonomía, aunque es verdad que no son dos datos que brillan especialmente en esta gama de precios.

¿Mejor la R10 o la R50? Para un usuario con ganas de aprender e ir un paso más allá, todo parece indicar que este es el modelo correcto. ¿Y pagar un poco más por la R7? En realidad son 600 euros más, lo que significa aumentar bastante el presupuesto proporcionalmente. Pero en ese caso estamos un peldaño por encima, no sólo en vídeo y estabilización, sino también en esos detalles de construcción y resistencia que se esperan de una cámara con aspiraciones semiprofesionales.