Su nombre suena entre los posibles fotógrafos de la futura vicepresidente de Estados Unidos, Kamala Harris. Sobre todo en España donde durante los últimos días, muchos medios no han dudado en hablar de Eduardo Ezequiel como firme candidato a entrar en La Casa Blanca.

«Es un puesto muy demandado y ahora mismo no estoy en esa situación», nos explica él mismo. Pero más allá de que se convierta o no en el fotógrafo oficial de Harris -él parece convencido de que no será así- su trabajo en la primera línea política en California y durante la campaña resulta muy interesante.

Pero esa es sólo una de sus facetas de este autodidacta que se define más como fotógrafo de bodas que fotoperiodista , defensor de la fotografía química, nikonista en digital y carrete y que durante el confinamiento repartíó pizzas en Zaragoza.

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Foto: Eduardo Ezequiel

¿Cómo estás viviendo estos momentos de fama en España?

Es un poco extraño, pero estoy muy agradecido. Acostumbrado a no recibir nunca mucha repercusión en España, mentiría si no dijera que me ha sorprendido.

Pero para mí no cambia nada. Llevo desde 2014 muy involucrado, investigando y explorando la política en California, así que esto es un empujón que siempre sienta bien.

Ahora con ganas de seguir creciendo mi portfolio por todo el mundo, extender mi conocimiento y buscar respuestas a todas las muchas preguntas que todavía tengo.

Algunos ya hablan del Pete Souza español

Jajaja… Lo que ha hecho Pete Souza y que realmente es de agradecer es  dar a conocer al mundo el oficio del documentalista político. Ahora es muy fácil para todos hacer analogías y sin lugar a dudas él es una fuente de inspiración tremenda.

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Foto: Eduardo Ezequiel

Pero mi historia es muy diferente a la suya. Él viene de ya trabajar con Reagan en los 80, luego en agencias, y regresa a La Casa Blanca como Chief Photographer de Obama, al que primero retrató como fotógrafo de prensa en Chicago.

Yo soy de fuera. Aprendí a ser fotógrafo sobre la marcha, sin ninguna pretensión de dedicarme a esto profesionalmente. Crecí a la vez que los principales candidatos demócratas de California iban admirando mis fotos, al principio hechas con inocencia y mucha curiosidad. De ahí comenzó una relación personal de mucha confianza que se alarga hasta el día de hoy. Yo nunca he trabajado para un medio antes.

¿Te ves ya en la Casa Blanca de «vice-fotógrafo?

No, no. Hay que tener en cuenta que este no es un trabajo de fotógrafo al uso. Son muchas las cuestiones que entran en juego y yo realmente soy un outsider.

¿Pero qué posibilidades hay de ser el fotógrafo oficial de la futura vicepresidenta? 

Yo llevo colaborando con el equipo de Kamala desde hace ya 6 años, cuando ella era Fiscal General. Los principales responsables de campañas demócratas aquí en California me conocen y me tienen mucho respeto, realmente valoran mi fotografía.

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Foto: Eduardo Ezequiel

Kamala sale de este Estado, de todas las campañas que llevamos detrás, y es normal que mi nombre salga a la luz. Pero esta posición es muy requerida, hay mucho interés, hay que tirar de teléfono, hacer las llamadas adecuadas, y ahora mismo, creo que no estoy en esa situación.

Ahora estoy en un momento muy bonito en mi vida, en el que estoy viajando y trabajando por todo el mundo, siguiendo mi inspiración y mis inquietudes, a la vez que colaboro y mantengo amistad con cargos electos en California, sobre todo con el Gobernador (Gavin Newsom), que me empuja a contar las historias de la calle para luego enseñárselas a él.

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Foto: Eduardo Ezequiel

Ese es el día a día que busco ahora. Seguir mi intuición y, por ejemplo, explicar el verdadero impacto de las medidas que los políticos ejecutan. Quiero mostrar con mis fotografías las historias de las personas.

La pandemia te pilló en España y estuviste repartiendo pizzas. ¿Como fue esto?

En febrero estaba recorriendo California acompañando al Gobernador en un tour para documentar el inmenso problema de las personas sin hogar y la tremenda desigualdad de aquí

En marzo regreso a España para hacer alguna boda y me pilla allí la cuarentena. Ahora es cuando me doy golpes en la cabeza por no haber aprovechado esos meses de pausa para sacar un portfolio concienzudo, ordenar mi archivo de negativos, que es lo que siento que la gente de mi alrededor ha hecho…

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Foto: Eduardo Ezequiel

Pero en realidad miento. Trabajar en Bruma Pizza, una pizzeria de Zaragoza de un amigo de la infancia ha sido el trabajo más enriquecedor de mi vida.

En un momento en el que era renovarse o morir, entre 3 amigos de toda la vida, un par de motos y una bici, abrimos un servicio a domicilio en menos de 24 horas, publicamos una web y sin ayudas ni aplicaciones de dudosa ética mantuvimos a flote el negocio, con mucho esfuerzo y sin cerrar ni un día durante el confinamiento.

Eso sí, en cuanto se abriera la mínima posibilidad de viajar yo sabía que iba a agarrar un avión lo antes posible. Me fui a México, estuve ahí 15 días y me vine a Estados Unidos lo antes posible para poder vivir esta última campaña electoral. No podía perdérmela.

¿Cómo es eso de trabajar tan de cerca con políticos de este nivel?

Yo les tengo un tremendo respeto. Antes me podía causar temor, pero ahora ese respeto me ayuda a entender su verdadera cara y poder mostrar cómo son ellos realmente, sin posados.

Ellos saben que estoy cerca, pero al estar acostumbrados a mi presencia, se olvidan completamente de la cámara y es ahí cuando muestran su lado más personal que a la gente le gusta ver. Yo tengo permiso para tomar cualquier foto, tengo el acceso a cada paso que dan, en muchas ocasiones, más que su propia familia.

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Foto: Eduardo Ezequiel

Saben que nunca les voy a hacer mal con mis fotos. Confían en mi edición y saben que quiero lo mejor para ellos. Kamala siempre ha sido muy cercana y buena conmigo. Nunca me ha dicho eso que temo tanto de “Ahora no es el momento, Edu.”

Para mí es muy importante saber leer los momentos. Y, ante la duda, contenerme y perder la foto antes de perder su plena confianza. Los momentos vienen constantemente. California tiene una luz especial, su gente tiene un aura diferente, me lo hacen muy fácil, la verdad.

En realidad parece que hay más atención sobre ella que sobre Joe Biden, algo que también traslada a la presión sobre el fotógrafo

Es histórico que una mujer de color haya sido elegida en las urnas para La Casa Blanca. El otro día un profesor español me invitó a dar una charla en un colegio público de Denver. Una niña pidió la palabra y emocionada me explicó la importancia que tiene: por fin muchas niñas se ven reflejadas en ella y saben que tienen un hueco en La Casa Blanca.

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Foto: Eduardo Ezequiel

Respecto a la responsabilidad del fotógrafo, te soy honesto: a veces, en los hoteles, tengo pesadillas. No puedes tener un mínimo fallo de exposición, de enfoque… También el propio deseo de hacer bien las cosas te empuja a ir al límite.

Por ejemplo, en los discursos más importantes, el equipo te avisa de la duración del discurso, y tú ahí te pones a pensar: tengo 9 minutos, 3 minutos en el comienzo capturando “LA” foto de la persona en el atril, la entrada al escenario, luego te quedan 4 minutos para correr como nunca, hacer las fotos desde diferentes lugares que has identificando antes.

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Foto: Eduardo Ezequiel

En muchas ocasiones yo dejo objetivos a lo largo de la ruta que me he creado en la cabeza según el tipo de foto que busco desde cada punto. Incluso el personal de seguridad está compinchado conmigo, me dejan los pasillos libres, cortan los accesos porque saben que voy a pasar volando por ahí. Luego me quedan 2 minutos para capturar el final del discurso, las reacciones de las personas que tengo detrás… Adrenalina pura, me encanta.

Como bien sabrás la situación del fotoperiodismo en España es muy precaria. ¿Qué tal por Estados Unidos?

Yo por respeto a la profesión del fotoperiodista, que admiro, siempre me he intentado alejar de ese término. Además, alejarme de una etiqueta me deja más libertad y me ayuda a no compararme demasiado…

Yo soy completamente autodidacta. Mis encargos fotográficos por todo el mundo siempre han sido más comerciales para compañías específicas que para medios de comunicación.

En mis proyectos que se pueden considerar más de fotografía documental (acompañando a la caravana migrante en México en 2018, haciendo fotos a ex miembros de la Mara 18, o documentando la Guinea Ecuatorial de hoy) siempre intento autofinanciar esos proyectos con el dinero que voy sacando de bodas o trabajando para otros el resto del año.

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Foto: Eduardo Ezequiel

Yo soy más un fotógrafo de bodas. Estoy muy agradecido de que el negocio de las bodas se me pusiera delante. Haciendo fotos en bodas agarras mucha, mucha práctica. Tiene un componente social, practicas tu fotografía de acción, moda, gastronomía… Para mí es el entrenamiento perfecto para un fotógrafo. Te ayuda a adelantarte a lo que va a pasar y te obliga a estar preparado siempre.

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Foto: Eduardo Ezequiel

Lo que sí que es verdad es que ahora hay una tendencia universal por sobre todo cubrir los hechos y punto. Nos conformamos con la foto en redes. Se busca del fotógrafo solo la punta del iceberg.

Suena a tópico pero realmente siento que nos hemos quedado atrapados en la noticia del momento. O publicas una foto en las siguientes horas del episodio, sobre todo para redes, o ya no vale nada.

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Foto: Eduardo Ezequiel

Por ejemplo, cuando aquí empecé a colaborar con equipos de campaña, siempre se tenía esa tendencia a solo querer las fotos para las redes sociales del evento del día. Creo que tras mucho esfuerzo he podido abrirles un poco la mente a contar un relato, la historia que hay detrás del candidato, buscando en cualquier momento esa foto icónica, especial, atemporal.

Esa matraca me ha ayudado tremendamente para destacar mi trabajo y acercarme más a aquellos a los que hago fotos. Se nota mucho cuando alguien está haciendo fotos con alma, con ilusión, con vistas a capturar esa foto icónica que no caduca.

Y esa libertad para ser uno mismo la tienen aquellos a los que se les deja libertad creativa y no tienen que limitarse a cumplir con mil requisitos que deciden personas desde los despachos.

¿Lo tuyo con la fotografía es un romance de toda la vida, cuestión de trabajo sin más, algo en lo que te ves para siempre…?

La fotografía es mi primer amor. Aún recuerdo abrir la caja de una Olympus Mju ii que me regalaron en mi comunión. No me la sacaba del bolsillo, la llevaba a todas partes, con o sin carrete a mí me daba igual, jugaba a ver el mundo a través del visor.

Iban pasando los años y siempre he tenido una cámara conmigo. Desde pequeño siempre he sido muy ahorrador, porque siempre quería un nuevo modelo de cámara y así mejorar mi fotografía.

Luego en 2014, cuando estaba de au pair en California y comencé a colaborar en una consultoría político, yo iba a los rodajes y hacía las fotos no oficiales. Siempre los ‘Behind the Scenes’, sin ninguna pretensión…

Pero llegó un momento en el que mis fotos ‘para simplemente documentar’ gustaban más que las de los fotógrafos profesionales encargados de la sesión. Y el resto es historia. Pronto el Gobernador, al que le encanta la fotografía – se compra una Leica cada vez que gana unas elecciones – y yo conectamos mucho, y desde entonces le he ido acompañando, recorriéndonos miles de kilómetros y muchas campañas. Ya son muchos años…

En España comencé a hacer bodas y a ganarme la vida haciendo fotos y ahora que casi no puedo tener más cámaras ahorro para viajar y poder así autofinanciarme los proyectos personales que voy haciendo para descubrir mundo.

¿Con qué equipo sueles trabajar? 

En cuanto a digital trabajo con cuerpos Nikon D810 y siempre tengo de repuesto alguna D750, que es perfecta por ligera y rápida.

Suelo utilizar lentes fijas. Cuando llevo dos cuerpos utilizo un 105 y un 28 milímetros, pero también tengo un 50 mm que suelo dejar montado en un tercer cuerpo. Ahora hace poco también conseguí un 60 mm macro, un mítico 18-35 que tengo desde hace nuchísimo y que es indestructible. Todos, objetivos Nikon.

Luego para todos mis proyectos personales, cuando quiero descansar un poco o incluso  para algún trabajo cuando ya tengo confianza con el cliente, regreso al carrete.

Tengo varias Nikon FM2, con objetivos 28, 85, y 50 milímetros. Si me tuviera que quedar con un combo para el resto de mi vida fotográfica, sería Nikon FM2 y 28 mm. Todavía conservo y utilizo la Olympus Mju ii de mi comunión y hace poco me regalaron una Contax T2 que todavía me estoy secando la baba, es preciosa.

También tengo una Nikonos III y V. De medio formato tengo una Bronica ETRsi y una Rolleiflex 3.5 en el taller.

De hecho, con un amigo hemos formado el Frente Analógico, con proyectos solidarios en escuelas de Estados Unidos haciendo fotos en 3 Dimensiones con Nishika N8000.

En color suelo disparar Portra y en blanco y negro, el TMAX-400 es mi carrete. Por cierto, gracias a un tutorial de Photolari aprendí a revelar en color.

 

9 Comentarios

  1. Que maravilla la filosofía y la forma de entender la fotografía de Eduardo Ezequiel. Jajaja y me ha encantado la alusión al gobernador de -Cada vez que gana las elecciones se compra una Leica- menudo crack.

  2. Confieso que no he sido capaz de tragarme la totalidad del relato. A mitad de camino la desidia me ha impedido seguir leyendo hasta el final; ello y la inoperancia de unas imágenes más bien vacuas que de no ser por el vértigo de un espacio político que nos es ajeno nada dicen.

  3. «Kamala siempre ha sido muy cercana y buena conmigo» Ojala hubiera sido igual cuando era fiscal y decidió meter a mujeres trans en cárceles masculinas y negarles tratamiento.

  4. Interesante relato de como se curra empotrado dentro de un organismo al que deben servir las imágenes captadas para que funcione un relato. Aunque lo cierto es que lo apasionante sería andarle al obturador en la otra parte de este mundo electoral que no es ni tan ancho ni tan ajeno. Porque, españoles, La muerte en Venecia de Giuliani sudando tinte sí que es pura metafísica. Hermeneútica del dasein.

    https://pbs.twimg.com/media/Em0wxujXYAEj5RQ?format=jpg&name=4096×4096

    https://pbs.twimg.com/media/EnNjKdnXUAMMIg9?format=jpg&name=4096×4096

    By Caroline Brehman & Tom Williams

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