Como ya quedó claro tras la pandemia y la tardía apertura del país, en Japón no existe un entusiasmo generalizado por recibir visitantes. No es ningún secreto que sus niveles de tolerancia al turismo masivo están muy por debajo de lo que se estila en otras partes del mundo y la devaluación del yen con el consiguiente aumento de viajeros está provocando problemas en el país.

El ejemplo más claro se da en la localidad de Fujikawaguchiko donde, literalmente, están hartos de ser uno de esos lugares de moda en Instagram y recibir cada día a miles de personas que simplemente quieren repetir la misma foto: una icónica tienda de la cadena Lawson con una magnífica vista del monte Fuji detrás.

¿Solución? Levantar un muro de 2,5 metros de alto y 20 metros de longitud para bloquear las vistas desde este punto de la ciudad. No se andan con tonterías en Japón. “Es lamentable tener que hacer esto porque algunos turistas no sepan respetar las normas”, han afirmado las autoridades del pueblo, según recogen en The Guardian.

La basura que dejan detrás, detallan, y los problemas de tráfico que provocan al ponerse en medio de la calle para hacer la dichosa foto son algunos de los inconvenientes de los turistas en esta, suponemos, tranquila localidad nipona. También denuncian que los visitantes aparcan donde no deben e incluso se suben a los tejados para tener una vista diferente.

Habrá que ver si cumplen la amenaza de levantar ese muro que, al parecer, más bien podría ser una valla con una tela metálica que impida a los intrépidos Instagramers conseguir hacer una foto igual a la que ya han hecho antes miles de personas. Aunque parezca una medida un tanto drástica, las autoridades aseguran que antes han intentado solucionar el problema con carteles e incluso agentes de tráfico, pero resulta imposible mantener controlados a los turistas.

Una situación que, efectivamente, podría recordar a la que se repite en muchos otros lugares turísticos del planeta, que se están encontrando con problemas socio económicos y ecológicos para soportar la presión turística. De hecho, en The Guardian no dudan en relacionar esta reacción de Japón con las protestas de estos últimos días en las Islas Canarias para pedir control sobre el turismo.

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