Por Carlos M. del Río. En febrero de 2022 falleció mi padre de manera repentina. Durante los días posteriores a su muerte me alojé en casa de mi madre -sigue sonando extraño referirme a esa casa como sólo de ella- y tuve tiempo para vagar entre todos los recuerdos almacenados durante décadas. Fue en esos días cuando una idea empezó a tomar forma en mi mente.

Mi padre fue periodista durante más de medio siglo. Pero además fue un fotógrafo apasionado desde que un compañero le trajo desde la Unión Soviética, a principios de los años setenta, una cámara Zenith con un objetivo de 50 milímetros.

En unos tiempos en los que un rollo de diapositivas no rivalizaba en precio con un kilo de percebes mi padre hizo muchísimas fotos, casi todas con la legendaria película Kodachrome.

Yo sabía que las tenía almacenadas porque él mismo había seleccionado algunas para que las escanease hace unos años, así que tardé poco en encontrarlas. 81 cajas marcadas con lugares y fechas que empezaban en 1972 y llegaban hasta 2002. Treinta años de recuerdos.

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Foto: Angel del Río
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Foto: Angel del Río

Durante varios días me dediqué a seleccionar las más relevantes con un visor óptico. La tarea no era fácil porque no sólo quería rescatar aquellas que mostraban a los miembros de mi familia sino otras que tenían un interés documental o artístico.

De entre todas esas cajas escogí 625 diapositivas y durante los dos meses siguientes me dediqué a escanearlas. Lo que debería haber sido una tarea tediosa se convirtió -y esto no sorprenderá a nadie- en un verdadero viaje a través de las emociones y de la historia, tanto la de mi familia como la de los lugares que mi padre inmortalizó.

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Foto: Angel del Río

Algo que no deja de sorprenderme es la calidad como soporte de la diapositiva y en particular de las Kodachrome, más del 90% de archivo fotográfico de mi padre. Pese a que algunas tienen cincuenta años, los colores no se han degradado en absoluto y aún en aquellas que se encontraban subexpuestas he podido recuperar gran parte de la imagen.

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Foto: Angel del Río
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Foto: Angel del Río

Mientras las escaneaba no podía dejar de preguntarme cuántas de mis imágenes digitales estarán disponibles para mis hijos dentro de cuarenta o cincuenta años, y si serán capaces de experimentar algo similar a lo que yo sentí cuando desempolvé el viejo proyector de mi padre y pude ver algunas en una enorme pantalla.

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Foto: Angel del Río

Otro aspecto muy importante es el documentalista. Mi padre fue durante toda su vida periodista especializado en Madrid y su comunidad con lo que pateó no sólo los barrios de la capital -incluyendo sus poblados chabolistas- sino también aquellos pueblos del sur de Madrid que en el inicio de la democracia empezaron a tener una importancia política y social que no habían tenido hasta el momento.

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Foto: Angel del Río
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Foto: Angel del Río

Ver esos lugares y sus gentes más de cuarenta años después es un viaje fascinante al pasado que otorga a esas fotos un carácter muy distinto pero a la vez complementario que aquél que mi padre quiso darle.

Y por supuesto está el aspecto más emotivo. Escaneando esas diapositivas he podido verme de nuevo como un niño, a mis padres, tíos y abuelos en edades que el tiempo ha borrado de la memoria. Vacaciones, viajes y momentos inolvidables. He redescubierto mucho de mi propia vida a través de esas fotos.

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Foto: Angel del Río

Pero sobre todo he redescubierto a mi padre. Le he visto por primera vez como un joven lleno de sueños y miedos, ansioso de conocer el mundo y mostrarlo. Ahora no sólo se presenta en mi memoria como el hombre de setenta años al que vi por última vez hace meses, sino como aquel de veintisiete que posaba en un puente en Venecia.

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Foto: Angel del Río

Ver las fotos de mi padre me ha hecho pensar en otra vez en la importancia de la fotografía, desde la urbana hasta la familiar. El valor documental y emocional de cada foto que tomamos se multiplica con el tiempo de una manera que muchas veces, en un mundo sobresaturado de imágenes, no podemos apreciar en el momento pero que acaba mostrándose con el paso de los años.

Gracias por las fotos, papá. Gracias por todo. Te quiero.


Carlos M. del Río es geólogo y apasionado de la fotografía. Sus aficiones incluyen probar esas cámaras de las que ya nadie se acuerda y hablar sobre ellas. Cuando tiene tiempo también hace fotos. Aquí puedes conocer más sobre ‘Memoria de un cronista’

 

12 Comentarios

  1. Mis diapositivas (Fuji la mayoría)van desde 1979 hasta 2003. Llevo unos meses seleccionando y digitalizando, pero después de leer esto, creo que voy a dejar deberes a mis descendientes, que espero que lo disfruten mas que yo.
    Enhorabuena Carlos, por todos esos recuerdos y sensaciones.
    Saludos a todos
    Capiblues

  2. Gracias Carlos por hacer ésto, me encanta.
    Cuantos recuerdos me estás devolviendo, es muy emotivo.
    Ésto te ha ayudado a ver a tu padre de joven, pero a mí también me has devuelto juventud

  3. Yo siempre digo que los fotógrafos inmortalizamos el momento para siempre. Y en cierta manera es así, si ese legado es preservado por las generaciones futuras. Yo ya inoculado el virus de la foto en mis hijos, como hizo mi padre y lo mismo que yo he guardado digitalizando fotos y diapositivas de mis padres. Espero que mis hijos cuiden de ese legado familiar mimando ese tesoro personal que nos hace y documente inmortales de nuestra época. .

  4. Gracias sobrino por las palabras tan bonitas y por hacer este gran homenaje a tu padre recordándole con tantas fotos, muchos recuerdos muy bonitos

  5. Cubierta de un barco, mástil con una pegatina Granada 92, grupo de Bossa Nova con camisas tropicales, alguien que «posa» al fondo con unas gafas de hueso Persol, ah, y una «rubia» con un mini bikini y un tubo de protector solar sorprendida con el click fotográfico. Mural del MRPP en la Av. 24 de Julho, Lisboa. El burro por la calle empedrada y el «Milquinientos» en la calle de tierra. Estas imágenes nos remiten a un tiempo en que la «fotografía» se llamaba fotografía y la mirada concordaba con la «atención» de un tiempo que ya no existe. Paris y Venecia era el orgullo de decir que habías estado allí. El narcisismo del «auto retrato» (me dicen que hay un anglicismo para este tipo de fotos y que se usa de forma reiterada), aún no se había apoderado de los fotógrafos, se fotografiaba lo que complementaba na memoria del viaje. PD. Las fotos en ese tiempo no eran gratis.

  6. Muy buena historia. Pone en su sitio el auténtico valor de las fotografías: recuerdos, emociones, momentos pasados.

    Gracias por compartir la historia y gracias al sitio por dejar espacio a la misma.

  7. Me has emocionado, Mario.
    Antes de la pandemia pase por una experiencia similar. Por azar del destino fui a dar con una inmensa colección de diapositivas y fotos antiguas, que abarcaban desde la juventud de mis abuelos y sus familias…, hablamos de 1930, hasta 1960 aproximadamente. Escanee absolutamente todo y con todo ese material reuni a los primos de mi generación y preparamos un documental, y una fiesta sorpresa para nuestros mayores.
    Eso quedará siempre en nuestra retina, tantas emociones que salieron a la luz mientras preparamos todo, eso no se olvida. Gracias por recordármelo

  8. Tate, me has emocionado.
    Muchas veces pienso en nuestro abuelos y en que ellos, con suerte, tenían una única foto de sus padres, seguramente ya mayores y que no les podrían recordar siendo jóvenes. Ellos solo podían recordar a sus padres en blanco y negro.
    O en mi suegra, que perdió a su madre siendo niña y su único recuerdo es una foto difusa. Seguramente no pueda recordar con exactitud su cara, ni su voz.
    Te quiero.

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