Afincado en Nairobi desde hace cuatro años, Luis Tato posiblemente se convertirá estos días en el fotoperiodista español del momento. Desde la capital de Kenia nos cuenta por teléfono cómo está viviendo eso de ser uno de los nominados a foto del año por los World Press Photo 2021, mientras hablamos de su trabajo en África para la agencia AFP y el Washington Post, de su trayectoria profesional y, por supuesto, del equipo con el que trabaja. Por si alguien tiene curiosidad: una Canon EOS 5D Mark IV.

«Un premio no hace que tu trabajo sea mejor o peor», recuerda, aunque reconoce la importancia de una distinción como esta para un fotógrafo freelance como él. Y es que, pese a sentirse afortunado por haber conseguido vivir de esto, recuerda cómo en su momento tuvo que salir del país porque en España era imposible tener oportunidades como fotógrafo.

«No recuerdo la última vez que un medio español publicó pagando directamente una de mis fotos», señala. Incluyendo los que, seguramente, estos días hablarán de él, mostrarán sus imágenes y puede que incluso presuman del fotoperiodismo español.

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Otra de las imágenes del reportaje nominado en los WPP 2021 (Foto: Luis Tato)

Para evitar quedarnos sólo en la espectacular foto que World Press Photo ha elegido como candidata a foto del año, ¿cuál es la historia detrás de esa imagen?

La foto forma parte de la historia a su vez nominada en el apartado de naturaleza. Es del año pasado y es parte de mi cobertura de la plaga de langostas en el este de África. Era una plaga que no se había visto en más de 75 años. Asoló grandes áreas del norte de Keniua y sur de Etiopia y zonas de Uganda y Sudán del Sur. Fue devastadora para la agricultura y la ganadería.

Me parece interesante algunos de los puntos de esta historia, porque definen muy bien 2020. Los científicos que estudiaban la plaga aseguran que había un vínculo con el cambio climático. Pero la pandemia también tuvo su papel porque cuando la plaga empezó a ser muy intensa coincidió con los primeros meses más dramáticos del Coronavirus, con el cierre de fronteras, caos administrativo…

Parece difícil condensar una historia tan compleja y con tantos matices en una sola foto

Es muy difícil hacerlo. Por eso me alegra que se reconozca también la historia general, que da un punto de profundidad al tema y da espacio a elementos que si no se perderían. Pero es una imagen que genera mucho impacto.

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Otra de las imágenes del reportaje nominado en los WPP 2021 (Foto: Luis Tato)

Es la imagen más contundente, que narra de una forma más directa. Pero es un tema muy complejo donde influyen muchos elementos. Se trata de contar cómo fenómenos globales como el cambio climático afectan a todos, empezando por este granjero del norte de Kenia.

¿Qué tal se lleva verse cerca de un WPP? ¿Crees que es un premio que puede cambiar tu carrera profesional?

Intento no obsesionarme mucho con los premios. Es importante que los fotógrafos entendamos que los premios no pueden definir la calidad de nuestro trabajo ni ser una finalidad. Un premio no hace tu trabajo mejor o peor. Unas personas han decidido que merece estar ahí, pero eso no lo hace mejor o peor de lo que ya era.

No trabajo intentando conseguir premios, pero obviamente el World Press Photo por el prestigio y relevancia que tiene puede beneficiarte profesionalmente. En mi situación actual, como fotógrafo stringer, la verdad es que te ayudan por una cuestión de visibilidad.

Tu nombre se vuelve más conocido, les suenas más a los editores, saben dónde te mueves y se puede traducir en más trabajo o trabajo de más calidad y mayores oportunidades. Por eso participas. Pero es importante tener claro, sobre todo para los más jóvenes, que no definen nuestro trabajo.

Tras pasar por La Vanguardia y trabajar en Barcelona te vas a Nairobi. ¿Qué te llevo a instalarte allí?

Tuvo reuniones con editores y fotógrafos, intenté hacer una valoración de la situación y escuchar los consejos de gente que sabe mucho y tenía mucha experiencia. Y el este de África era una zona muy interesante para producir trabajo fotoperiodístico.

Me mudé a Nairobi con la suerte de que nada más llegar y mandar mi portfolio a diferentes agencias Marco Longari, el editor de Agence France Press le gustó.

Había ganado el premio al mejor fotógrafo joven en Visa Pour L’Image y eso tammbién es una buena carta de presentación, claro. Mi primer trabajo para ellos fue en 2017 durante las elecciones en Kenia, que fueron muy intensas.

Son ya cuatro años en Nairobi. Fue una apuesta que me salió bien. Cuando se me cerraron las puertas en La Vanguardia y tuve que dejar de trabajar con ellos, para mi quedó claro lo difícil que podía ser para un fotoperiodista joven trabajar en España.

Los consejos de fotógrafos y editores me animaron a salir del país. Me parece muy triste tener que irte a contar las historias de los otros porque no puedes contar las historias de tu país por como está la situación laboral.

¿Cómo es el día a día en Nairobi para un fotógrafo stringer como tú?

Es una vida bastante normal, la verdad. Trabajo como fotoperiodista a tiempo completo y puedo pagar las facturas y el pequeño apartamento. He podido conocer la cultura y costumbres y desarrollar grandes amistades.

Nairobi me encanta. Es una ciudad muy acogedora y he conseguido tener una vida cómoda, lo que te permite también adentrarte más en la sociedad y conocer más historias, profundizar mucho más. Es un proceso que lleva tiempo

Pero los inicios son difíciles, claro. Abrirte paso en un lugar donde eres ajeno cuesta. Yo tuve suerte. Pero he conocido decenas de fotógrafos jóvenes que lo han intentado como yo y se han tenido que volver. No es fácil. Es un mensaje importante para los fotógrafos jóvenes.

Renuncias a familia, amigos, relaciones. Te vas lejos de tu casa para perseguir lo que quieres conseguir profesionalmente.

Tal vez estos días hablen de ti y publiquen tus fotos medios que no quisieron pagar por tu trabajo

Es un resumen perfecto de cómo se encuentra la situación en el periodismo y fotoperidismo en todo el mundo, no creo que sólo ocurre en España. Pero en España puedo hablar con conocimiento de causa: no recuerdo la última vez que publiqué una de mis fotografías pagadas directamente por un medio español.

Los medios usarán mi nombre y hablarán sobre mi trabajo. Y me siento muy orgulloso y agradecido, pero a la vez no recuerdo la última vez que pagaron por una foto mía. Es una realidad que habla por sí sola.

Si tuviesen que pagar por tus fotos, nadie hablaría de ti. Hay muchos factores de los que podríamos hablar durante horas, pero la verdad es que es muy dramático. Insisto: es muy triste tener que irte porque los medios de tu país no te ofrezcan esa oportunidad.

Y es que además el fotoperiodismo de calidad genera dinero. Es decir, desde un punto de vista meramente empresarial es una actitud muy pobre y que lleva la calidad de la comunicación a niveles muy bajos. Nos estamos analfabetizando visualmente.

Ojalá quienes toman las decisiones y controlan los medios desde el punto de vista empresarial entiendan que el fotoperiodismo de calidad y los profesionales generan dinero y oportiunadades para la empresa.

8 Comentarios

  1. En España ya no existen «mass media», sólo tabloides y voceros institucionales que repiten una y otra vez lo mismo que les dicta la voz de su amo. Como para pagar por imágenes… así están, si no fuera por los «amos» que los mantienen, sólo, quizá, quedara uno.

  2. Enhorabuena por el premio y por tu trayectoria vital, además de lo que se necesita has tenido suerte. Bravo!
    Como fotógrafo profesional desde hace varías décadas y padre de una foto periodista (sin trabajo, claro) entiendo mucho todo lo que argumentaS y me duele esa pur(t)a realidad.
    Para mi, que he tocado tanto temas industriales, como publicitarios, editoriales y institucionales, se trata simple y llanamente de un problema de respeto. De falta de respeto. La llamada «democratización» de la fotografía que nos ha traído la era digital, a través de los móviles sobretodo, ha hecho, en la misma proporción, que la gente haga muchas fotos y las regale y que los «compradores tradiocionales de fotos» se aprovechen de ello, desvalorizando de un modo absolutamente indignante el trabajo de muchísimos profesionales fotógrafos. Ahora prevalece lo gratuito y los «profesionales orquesta», todo en uno y a precios de risa… o sin precio, directamente…
    Bueno, tampoco pretendo hacer proclama de nada, a lo que iba, muchas felicidades y cuídate, amigo Luis.

    • No estoy de acuerdo en lo que dices de que la «democratización» de la fotografía la trajeron los móviles con cámara. Tal «democratización» ya estaba aquí mucho antes del primer iPhone. Fue la tecnología digital en conjunción con internet la que devoraron la profesión de fotógrafo (y otras tantas).

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