Referente de la fotografía de moda durante muchos años y siempre rodeado de polémica por el tono de sus fotografías, hace ya años que se descubrió que el problema de Terry Richardson no eran sus imágenes más o menos provocativas, sino el comportamiento con las modelos.

Las denuncias por acoso sexual se remontan varias décadas, aunque fue a raíz del movimiento «Me too» cuando los testimonios de quienes habían trabajado con él fueron empezados a tenerse en cuenta. Richardson pasó a ser considerado «el Harvey Westein de la moda» y apartado por las principales cabeceras que le habían contratado durante años.

Desaparecido de la vida pública desde 2017 cuando revistas como Vogue o Vanity Fair anunciaron que no volverían a trabajar con él, ahora han salido a la luz nuevas acusaciones. Según recoge The New York Times y leemos en Petapixel, la modelo española Minerva Portillo ha denunciado a Richardson por lo ocurrido en una sesión de fotos realizada en 2004 y en la que el fotógrafo abusó de ella cuando tenía 22 años.

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Portada del libro Terryworld, editado por Taschen.

Según denuncia Portillo, Richardson realizó las fotos vestido sólo con un albornoz y abusó de ella durante la sesión en la que -asegura- también le dieron una bebida con narcóticos. La impunidad y normalización de esta conducta era tal que su equipo tomó fotografías que luego formaron parte de la exposición y el libro Kibosh donde el fotógrafo aparecía en varias imágenes desnudo junto a modelos o incluso forzándolas a practicarle sexo oral.

El mismo estilo que reflejaba en su libro Terryworld aplaudido y considerado arte transgresor en su momento pero que resulto ser simplemente abuso de poder y acoso sexual. «Actué bajo la presión y dirección de Terry y su equipo, mientras él se turnaba la cámara con Leslie [su asistente y luego madre de sus hijos]. El resto de asistentes se comportaban con una normalidad pasmosa, como si lo hubieran hecho cientos de veces», relataba Portillo en la revista Vogue hace unos años cuando se atrevió a contar lo sucedido.

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Cartel de la exposición Kibosh de Terry Richardson.

Ahora, gracias a una nueva ley de Nueva York que revisa la prescripción de casos de abusos sexuales, ha podido presentar la denuncia.

Una historia que sigue el patrón habitual en tantos otros casos: aunque la protagonista contó lo ocurrido a su agencia de modelos, le animaron a guardar silencio dado el poder de Richardson en el mundo editorial y la industria de la moda. Por añadir un punto de gravedad y surrealismo al asunto, la agencia en cuestión era Trump Model Management, propiedad por aquel entonces de Donald Trump.

Las imágenes explícitas de Portillo con Richardson que aparecieron en la citada muestra Kibosh en 2006 y posteriormente en un libro provocaron, según la modelo, su despido de la agencia española para la que trabajaba en aquel momento.

La víctima convertida en culpable, mientras el autor siguió durante más de una década trabajando sin mayores problemas y, a la vista de la larga lista de denuncias que acumula, con el mismo tipo de comportamiento.

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