“Acaban de convocar una reunión en el Congreso ¿te puedes pasar?” Estoy tomando un café y con las próximas dos horas libres de trabajo, así que contesto afirmativamente. Tengo tiempo, doy los últimos sorbitos, pago la cuenta y salgo a recuperar la moto aparcada unos metros más allá de la cafetería.

El viaje al Congreso es relativamente rápido y sin incidentes, pero al acercarme a las inmediaciones de la Plaza de las Cortes recuerdo que está en obras y que voy a tener que dar un rodeo que implica irse lejos y luego volver callejeando. “Vas con tiempo -me digo a mi mismo- mejor aparcar la moto antes e ir caminando que tener que callejear”.

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Cristina García Rodero expone «España Oculta» en el Círculo de Bellas Artes.

Todo esto para contar que, al bajar de la moto y sacar los trastos de hacer fotos para ir al Congreso, veo una figura en la lejanía bajándose de un coche. Lleva un traje rojo y su silueta es perfectamente reconocible para los que llevamos la cámara a cuestas. Sin duda es Cristina García Rodero.

Si echo a correr puede que llegue a ella antes de que entre en el edificio y, tal vez, decirle hola. Mis matemáticas son buenas y, en efecto, llego a ella un par de metros antes de que cruce las puertas, pero está hablando con una persona y me parece un gesto feo interrumpir una conversación.

Entro tras ella en el madrileño Circulo de Bellas Artes, donde se presenta su exposición España Oculta que, en cierto modo, celebra su medio siglo de profesión. Pero yo aquí he venido para presentarle mis respetos y conseguir una foto con ella. Así que me hago el remolón para ver en que ascensor sube y colarme. La fina línea que separa el fan del acosador empieza a difuminarse.

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El fan y la fotógrafa.

Son cinco pisos dobles de subida, así que el viaje en ascensor es largo. Ella sigue conversando y a mi se me hacen eternos los segundos. ¿Interrumpo? No quiero hacerlo, pero no me voy a ver en esta otra vez. La conversación que involuntariamente escucho versa sobre su plan de trabajo para ese día con los medios de comunicación, y es extenso.

Cristina hace una broma sobre su aspecto y antes de que mi cerebro pueda valorar la idoneidad de mis palabras mi boca se abre: “estás estupenda”.  Ella me mira de arriba abajo, me da las gracias y de repente repara en mi bolsa y me dice “pero si tú eres cámara”.

“Vengo a verte” le digo tratando de disimular la risa nerviosa. Dudo de si a Dios se le puede tutear o no. Joder, ya he metido la pata. Cristina, sin perder la sonrisa vuelve a darme las gracias y ya tiro con todo. “Sé que igual no es lo más profesional, pero me gustaría hacerme una foto contigo”. Seguíamos en el ascensor.

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García Rodero junto a las fotógrafas que cubrían el evento. (Foto: Eduardo Parra)

“Uy claro que sí, faltaría más”. 20 años de experiencia, hacia menos de dos horas que le había estado haciendo bromas al presidente del Gobierno y ahora era incapaz de abrir la aplicación del móvil para hacer la foto.

Al final la foto la tuvo que hacer la mujer que la acompañaba. Doy las gracias una vez más y salgo del ascensor. Miro el reloj y decido que si prescindo del café me puedo quedar a la presentación, al menos a una parte.

La conferencia es rápida porque la agenda es apretada. Lanza algunas reflexiones muy interesantes, recuerda viejos tiempos y se queja de la escasa cantidad de fotógrafas presentes. Y rápidamente nos invitan a, junto a ella, a visitar la exposición. No me va a dar tiempo a visitarla entera y escuchar las explicaciones de la autora, pero al menos podré hacerle una foto junto a sus fotos.

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Los compañeros de prensa comentando las fotos de la exposición (Foto: Eduardo Parra).

Cristina García Rodero posa para nosotros sin parar de agradecernos que estemos allí. Yo me siento afortunado. No soy el único. Primeras espadas del fotoperiodismo nacional e internacional que están allí se cuadran ante la gigantesca presencia de esa mujer que hace chistes sobre su estatura.

Algunos nos acercamos una vez más para agradecer lo que hizo y hace por la fotografía, por abrir camino a todos- y sobre todo, a todas- los que llegamos después. Le mando la foto a la fotógrafa Layna Fernández, otra gran admiradora de Cristina García Rodero: “te odio absolutamente», responde.

Sé que soy un afortunado, uno no se encuentra a Dios en un ascensor todos los días.

1 COMENTARIO

  1. 2024, año en que dios ha tratado con los mortales.

    Un humilde servidor tambien: Palau Macaya, Barcelona. 22 de abril, charla con dios Cristina Garcia Rodero, con motivo del premio Ortega y Gasset 2024.

    Tambien super simpatica y empatica. Le encanto que un tembloroso fan le pidiera fotografiarse con ella.

    Todos los allí presentes, estavamos entregados a ella. No solo es una increible profesional sino cercana, simpatica y sencilla. (Y tengo que decir que esto me ha pasado tambien con Tino Soriano e Isabel Muñoz. Y seguro que muchos más sois así)

    Se ve el porque retratan personas, cada uno a su manera, cada uno con su exito, cada uno con su estilo…Don de gentes, simpatia.

    Mucho que envidiar por parte del resto de mundo. (Lo de hacer una buena foto es de mortales, hacer un libro como España Oculta y más trabajos como el de Haití o Georgia es ya divino)

    Felicidadesde un aficionado a la fotografia, Edu!

    Como bien insinuas, no todos los dias se conoce a dios. 😉

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